Parece el día de la marmota. Sea como fuere, a estas alturas de la temporada nos encontramos con la disyuntiva del cambio de entrenador, de ...

Como siempre

Parece el día de la marmota. Sea como fuere, a estas alturas de la temporada nos encontramos con la disyuntiva del cambio de entrenador, de luchar por otros objetivos muy diferentes a los propuestos inicialmente y con la angustia en el corazón del zaragocismo. Se repite la misma historia con diferentes protagonistas y con una experiencia que parece no valer de nada después de cinco temporadas.
La imagen ofrecida en Almería fue penosa, impropia de un Real Zaragoza que debería haber aprovechado la fortuna de la semana pasada en la Romareda ante el Rayo Vallecano para imponer su criterio en el estadio de los Juegos Mediterráneos. Y volvió a jugar sin intensidad, regalando el balón, cometiendo unos errores inadmisibles en defensa, sin posesión de balón, ni oportunidades de gol. Y para colmo, recibiendo un último tanto de los que se repiten miles de veces en las televisiones de todo el mundo.
Es el momento de que cambien las cosas, que los dirigentes del club reflexionen sobre el presente y el futuro de su cuerpo técnico y de su plantilla. Si le dan la confianza al entrenador, que no sea semana a semana. y si deciden cambiar, que lo hagan cuanto antes. Y que piensen en fichar en el mercado de invierno para fortalecer una plantilla que se descose por todas sus costuras.
Natxo González debe cambiar el sistema de juego porque, hoy por hoy, no le ha dado resultado. Ya no hay ni sensaciones ni resultados, simplemente una colección de encuentros repetidos donde el real Zaragoza es inferior a sus adversarios aunque estén por debajo de él en la tabla. Y el problema es serio ya que la afición puede comenzar a cansarse después de ser ejemplar a lo largo de estos primeros meses de competición. Cada uno tendrá que asumir sus responsabilidades, desde el consejo de administración hasta el último futbolista. Porque ahora hace falta dar un paso adelante con absoluta convicción y no venirse abajo como da la impresión que amenazan con hacer los actores de una película que ya hemos visto antes. y no nos gusta en absoluto.

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El fútbol, después de cuarenta y dos jornadas de liga, termina siendo justo la mayoría de las veces. Es cierto que el Real Zaragoza había de...

La suerte también cuenta

El fútbol, después de cuarenta y dos jornadas de liga, termina siendo justo la mayoría de las veces. Es cierto que el Real Zaragoza había dejado escapar un puñado de puntos en la Romareda por mala fortuna pero el sábado, ante el Rayo, la suerte favoreció a los blanquillos. Marcar tres goles para ganar es una barbaridad en Segunda División y mucho más para un equipo que apenas crea oportunidades. En este caso, con menos disparos a puerta que los vallecanos, se consiguió un triunfo que sirve para respirar y tomar fuerzas de cara al futuro. Porque una derrota, incluso un empate, hubiera sido un mazazo para el entrenador y su equipo.
Pese a la importancia de los tres puntos el Real Zaragoza sigue jugando de manera intermitente y sin un claro planteamiento de los partidos, muy a la expectativa de los contrarios. Con escasa contundencia atrás, sin creación de juego y muchas urgencias en ataque.
La Romareda ya tuvo algunos silencios y algunos murmullos contra el Rayo aunque la victoria final tranquilizase a la afición zaragocista. De momento, porque se consiguió por los pelos y apelando a la heroica. Ya han pasado más de tres meses de competición y no está claro que se pueda luchar por los puestos de promoción aunque todo está muy apretado arriba y abajo. Consiste en ganar dos encuentros seguidos, no perder la estela, saber cerrar los partidos y confiar algo más en sí mismos.
Natxo González está obligado a postar con más fuerza por la victoria y a utilizar con mayor criterio sus jugadores. Leer mejor los encuentros aprovechando su banquillo y teniendo preparados a los suplentes para salir con fuerza y no ser simplemente elementos de decoración.
Desde el viernes hasta el parón de las navidades el Real Zaragoza tiene la necesidad de recuperar el terreno perdido. Y en el mercado de invierno, moverse con rapidez. El momento es el idoneo para saber si van a ser capaces o no de intentar colarse entre los seis primeros.

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El martes la Romareda vivió algo más de noventa minutos de Primera División. Y el público lo hizo sabiendo que el pase a octavos era algo im...

Un guiño al futuro

El martes la Romareda vivió algo más de noventa minutos de Primera División. Y el público lo hizo sabiendo que el pase a octavos era algo imposible y con la tristeza de encajar dos goles en el último tramo del partido, que fue injusto por el interés y la implicación del equipo sobre el terreno de juego. Aún así la experiencia fue agradable porque volvimos a ver a un club histórico y que actualmente ocupa por méritos propios la segunda plaza de la clasificación como es el Valencia. Además, terminaron jugando siete futbolistas de la cantera y se vieron posibilidades en jugadores no habituales en las alineaciones de Natxo González. El encuentro fue positivo porque hubo destellos de calidad, no existía la angustia por los puntos y las gradas acogieron a más de dieciséis mil espectadores.
Se trató de un guiño al futuro que nos hace pensar en el regreso a la élite, en el momento en que volvamos a participar en ese gran espectáculo que es la Liga. Ya hemos caminado sin rumbo durante muchos años, demasiados, y necesitamos otra vez la tensión positiva de luchar por algo menos doloroso que un ascenso de categoría. Creo que se ha aprendido y para siempre que debemos aprovechar los momentos, disfrutar de lo bueno que nos ocurra. No acostumbrarnos a los éxitos y a exigir que sean permanentes porque todo cambia cuando menos lo esperamos. Ahora hay que regresar a la realidad, a jugar contra un recién ascendido que nos puede complicar la vida en la Romareda si el equipo no pone los cinco sentidos desde el comienzo del partido. Todos conocen cómo juega el Real Zaragoza, la manera de ahogar su salida, los errores que comete en la zaga. Consiste en hacerse fuertes en casa y no ceder un punto más porque los ascensos llegan con los puntos conseguidos como local. Una vez degustado el regreso momentáneo a Primera con la visita del Valencia en la Copa hay que armarse de valor, cargarse de humildad y trabajar sin descanso para lograr el objetivo.

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Tarde o temprano el Real Zaragoza debía escalar posiciones en la tabla por el juego que, de manera intermitente, desplegaba tanto dentro com...

Golpe de autoridad

Tarde o temprano el Real Zaragoza debía escalar posiciones en la tabla por el juego que, de manera intermitente, desplegaba tanto dentro como fuera de la Romareda. Había pagado muy caros sus errores defensivos y aún no estaba ajustado el equipo, con más candidatos a la titularidad que nunca.
La victoria ante el Numancia fue contundente aunque favorecida por la expulsión de Diamanka y el penalty que trajo consigo su acción, que supondría el 3-0 a los cincuenta y cinco minutos.
El triunfo en Lorca fue trabajado, haciéndose más grande el equipo desde un comienzo sin colocación sobre el terreno de juego y posesión de balón. Pero, y esto también es importante, con dos goles conseguidos por futbolistas de la segunda línea: Javi Ros, muy intermitente en su actuación, y Papu que volvió a demostrar la calidad que atesora.
Además la defensa estuvo contundente y sin fisuras. Solo tuvo que intervenir Christian Álvarez con un formidable paradón en el arranque del partido. Después, la solvencia de Julián Delmás y Ángel, la seguridad de Mikel González y el crecimiento de Verdasca, fueron suficiente para mantener sin dificultad la portería a cero. Un golpe de autoridad para afianzar la moral de la plantilla y avisar al resto de la categoría que ya ha aparecido el Real Zaragoza en la liga.
Sorprendió la colocación de Borja Iglesias, tirado a la banda izquierda y sin apenas pisar el área, gustó el trabajo de Febas que buscó el gol con ahínco pero sin fortuna, quedando algo más indefinido el centro del campo que estaba liderado por un participativo Raúl Guti.
El encuentro de Lorca era de los que pueden detener una interesante progresión o lanzarte hacia arriba. No era fácil batir al equipo murciano que buscaba las bandas, intentaba poseer el balón y necesitaba ganar en su campo. De ahí la importancia del marcador, de cómo se produjo la victoria y de saber ganar un encuentro poco brillante y que se hizo demasiado largo.
Dos partidos, dos victorias consecutivas con cinco goles a favor y ninguno en contra. El domingo, el día final de las fiestas del Pilar, llega Osasuna. Al margen de la cierta rivalidad que pueda existir, motivada mucho más por estupideces políticas y señales absurdas de identidad, por el ruido que arman unos pocos amparados por la muchedumbre en el estadio, lo importante es ganar y sumar una racha que pondría al Real Zaragoza en la lucha por los play off.

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Hacía tiempo que no me disgustaba narrando un partido. Las continuas derrotas y sufrimiento de los últimos años creía que me habían inmuniza...

Bochorno arbitral inadmisible

Hacía tiempo que no me disgustaba narrando un partido. Las continuas derrotas y sufrimiento de los últimos años creía que me habían inmunizado y el grueso escudo que me había protegido hasta el domingo se resquebrajó y saltó hecho añicos. La actuación del sevillano Jorge Figueroa Vázquez fue una provocación que ya se suponía por sus antecedentes históricos y por su último encuentro pitado la temporada pasada a los blanquillos. Es evidente que todos tenemos fallos y que gracias a ellos crecemos, incluso la humanidad en el juicio a los partidos hace mucho más atractivo y complejo el fútbol. Pero una cosa es incurrir en errores de apreciación, en medir con diferente rasero determinadas actuaciones, en permitir la dureza en contra de la creación de juego y, otra muy diferente, mentir en la redacción del acta arbitral. Y eso hizo el trencilla, ya que expulsó al delantero gallego "por soltar el brazo a un contrario de forma temeraria mostrando desconsideración con el mismo". Las imágenes demuestran que esa afirmación es falsa. Desde el minuto 44 el partido estaba adulterado por la injusticia de la tarjeta roja y por los nervios acumulados por los futbolistas de Natxo González que eran perseguidos por el árbitro. Incluso en el caso que los comités decidieran retirar la tarjeta a Borja, los dos puntos perdidos jamás se recuperarán. Caso aparte es el de Dimitrevsky, que se arrojó al suelo simulando la agresión, lo que refleja su carácter y personalidad. Ambos, el árbitro y el meta del Nástic, deberían ser sancionados pero seguirán actuando de manera cobarde y nada profesional.
La renta conseguida hasta ahora en la Liga es muy escasa, abocándonos al sufrimiento de luchar por evitar el descenso. La plantilla está compensada, tiene calidad en determinados elementos, proyección en otros, veteranía en algunos y compromiso en todos. El umbral de crecimiento es importante pero la competición avanza y no se consigue la victoria en la Romareda. Y lo que es peor, se continúan perdiendo puntos en el tiempo de ampliación. Como siempre. De la misma manera que sigue defendiendo demasiado atrás y que no es contundente cuando es sometida su portería al asedio, del mismo modo que falta pólvora en las botas de sus futbolistas.
De toda esta tristeza y agonía lo mejor que se puede obtener es el compromiso de la afición que sigue adelante en el ánimo incondicional al equipo, ofreciendo la mejor versión de un graderío que confía en la salida a esta crisis y que pone todo su empeño en apoyar al conjunto maño. Una actitud que merece la recompensa de la victoria y del ascenso, indudablemente.
No quiero pensar en que el interés mediático de los tenedores de los derechos televisivos sumen espectadores con el Real Zaragoza como con ningún otro club y que les interese que siga en Segunda. Como tampoco me parece lógico que se siga castigando a la entidad como si aún estuviera Agapito en la propiedad. No se trata de la historia, que también habría que valorarla, sino de los esfuerzos que se están haciendo por afrontar los pagos con los acreedores y Hacienda, de la gestión de las cuentas, de la transparencia económica. No solamente la Liga parece obviar todo esto, sino que parece disfrutar con los males que asolan a una institución que merece la oportunidad de crecer y de hacer felices a sus seguidores.


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El desarrollo de la pretemporada, con marcadores adversos y dificultades a la hora de traer las primeras opciones de la dirección deportiva,...

Dudas y expectativas

El desarrollo de la pretemporada, con marcadores adversos y dificultades a la hora de traer las primeras opciones de la dirección deportiva, se vio coronado con la primera derrota en Tenerife. Un partido de escaso interés donde solamente se compitió el primer cuarto de hora del encuentro. Las dos ocasiones de Borja Iglesias en el arranque del encuentro fueron un espejismo en un compromiso que se parecía todavía a los amistosos de agosto. Sigue la falta de consistencia en la zaga, los fallos individuales y colectivos a balón parado y la falta de creación ofensiva que hace todavía más débil el ataque blanquillo.
Entrenar al Real Zaragoza no es lo mismo que hacerlo en Reus y la experiencia es un grado. Se debe adquirir con el paso del tiempo, la reacción ante las adversidades y la propia capacidad de la persona. Natxo González sabe lo que quiere pero es posible que no tenga los efectivos que suponía y su plantilla es joven y sin recorrido en Segunda División, algo fundamental para aguantar una larga y complicada temporada. La presión ahí está, aunque la afición tenga muchísima paciencia y asuma la situación económica del club que impide luchar en igualdad de condiciones por los futbolistas deseados.
Mañana disputa su primer partido en la Romareda el Real Zaragoza en su quinta campaña consecutiva en el pozo, que parece hacerse más profundo cada año que pasa. Tampoco ayudan las declaraciones de la Fundación y de la entidad, que parecen excusarse de la falta de acierto de cara al ascenso o desear implicar a más gente en esta travesía por el desierto. Gobierno de Aragón y Ayuntamiento de Zaragoza han sido citados expresamente, sobre todo la Corporación Municipal, abriéndose una pequeña crisis que la mayoría de los aficionados no entienden.
Es verdad que el estadio está prácticamente en ruinas, que se necesita una remodelación profunda y seguramente un cambio en la idea de explotación de las instalaciones. Y eso sería bueno para el Real Zaragoza, la ciudadanía y el Ayuntamiento. Y tendrían la obligación de llegar a acuerdos dejándose de actitudes personalistas y nada dialogantes.
De momento habrá que luchar en el plano deportivo y hacerlo hasta la extenuación para ganar el primer partido en casa, sumar tres puntos vitales para continuar enganchados a la ilusión por el ascenso.
Por eso, dudas y expectativas a escasas horas del debú en el coliseo zaragozano.

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Dicen que "no hay mal que cien años dure ni cuerpo que lo resista". Pues bien, nuestro aspecto físico ya es deplorable por el suf...

La persiana ya está cerrada

Dicen que "no hay mal que cien años dure ni cuerpo que lo resista". Pues bien, nuestro aspecto físico ya es deplorable por el sufrimiento continuado y la única buena noticia es que la temporada ha terminado. Eso sí, rasgado el espíritu zaragocista, empeorando los peores registros históricos en Segunda División y con una sensación de amargura y tristeza que raya en el abandono. Como todo es susceptible de empeorar, la gran mayoría de los aficionados no piensa que esta temporada vaya a cambiar la tendencia. Con un director deportivo nuevo (poco ha podido hacer hasta ahora Lalo después de la terrible herencia otorgada por Narciso Juliá), un entrenador como González, con escasa experiencia en Segunda División y que ojalá pueda superar la presión de una ciudad como Zaragoza, y una plantilla totalmente renovada sin nombres de relumbrón. Como señalan las estadísticas los equipos que suelen ascender son los que mantienen durante dos o tres temporadas el bloque deportivo. También es verdad que con el actual grupo humano hemos estado a punto de descender. O sea, que será de obligado cumplimiento cambiar hasta el agua de los jarrones...
Cuando se vio empujado Agapito Iglesias a vender por un euro el Real Zaragoza y desapareció del club, comenté que lo peor de las guerras era el periodo posterior hasta que se consiguen restañar las heridas. Porque es mucho más sencillo juntar voluntades, odios y fobias contra el gran enemigo, que unirse las diferentes familias vinculadas, de una u otra forma, a la construcción de un nuevo proyecto. Y no me he equivocado porque vamos a afrontar la quinta temporada consecutiva en Segunda División y con solamente una opción de ascenso, la de hace dos temporadas en Las Palmas con Popovic. De esa plantilla, que entonces no nos parecía buena, a la que termina esta campaña hay un abismo. Siete derrotas en la Romareda en Segunda es una afrenta intolerable. Una mácula que jamás será borrada de la historia del Real Zaragoza. Una losa difícil de levantar por los nuevos que vengan ya que la estadística cubrirá los fallos que puedan tener.
He echado de menos una disculpa, que alguien asuma el esperpento de esta temporada. Y que no se haya planteado un objetivo claro, diáfano, concreto. Y al margen de negocio y espectáculo, el fútbol es también sentimiento. La gente elige todavía los partidos del Real Zaragoza en España para verlos a través de la pequeña pantalla. Pero por el recuerdo de lo que este club fue en el pasado y porque las demás expectativas tampoco son para tirar cohetes. La temporada pasada, después de la catástrofe de Palamós, se salvaron los muebles mediáticamente con las llegadas de Zapater y de Cani. Ahora resultará complicado conseguir algo que pueda ilusionar de nuevo al zaragocismo.
La persiana ya está cerrada. Veremos lo que nos encontramos cuando se abra el 10 de julio.

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La amistad es un bien poco valorado y que se otorga de manera gratuita. Significa respeto, comprensión, proximidad y también distancia. Por ...

Emperador

La amistad es un bien poco valorado y que se otorga de manera gratuita. Significa respeto, comprensión, proximidad y también distancia. Por eso y de manera voluntaria, he querido estar al margen de esta aventura asumida con responsabilidad y acierto por César Lainez. Otras personas, con menos relación con el entrenador del Real Zaragoza que yo, hubieran aprovechado para intentar conocer el ambiente del vestuario, la trastienda del club, lo que hay debajo de las alfombras e incluso las alineaciones antes de los partidos. Por supuesto que no lo hubieran conseguido, porque César es un profesional de los pies a la cabeza y una persona sensata. Que ha realizado un formidable trabajo al frente del equipo en unos momentos trascendentales para la continuidad del club y cuya labor jamás será reconocida como se merece.
"Dejo salvado al equipo de mi vida", afirmó el domingo en la sala de prensa. Y tiene razón. Él ha levantado trofeos, ha sufrido el descenso de categoría y ha conseguido el retorno a Primera División como futbolista. Y de cada uno de sus éxitos, aunque entonces pareciera de menor valor abandonar la categoría de plata, ha extraído conclusiones que le han permitido fortalecer su espíritu y domar su carácter. César es un zaragocista de los pies a la cabeza, dos veces campeón de Copa y campeón de la Supercopa de España. Pero también elemento fundamental en un ascenso y humano hasta su expresión más brutal cuando la emprendió a golpes con un par de estúpidos aficionados del Villarreal que se mofaban del fracaso blanquillo. Un episodio del que enseguida se arrepintió y pidió perdón con humildad.
Comprendí pero no compartí sus declaraciones después del partido contra el Rayo: "la fortuna de la Romareda es que solo me quedan dos partidos en el Zaragoza". Lo que la gente no sabía es que unos imbéciles habían estado increpando durante todo el partido al entrenador blanquillo como si él tuviera la culpa de tener una plantilla de exfutbolistas, novatos o físicamente blanditos que, evidentemente, él no había confeccionado. Sé que no es fácil aguantar a este tipo de individuos, forofetes con derecho a insulto, porque con su edad yo también era propenso a la cólera y con un genio demasiado vivo. César tiene derecho a experimentar este tipo de reacciones y aprenderá a transformar la ira en calma interior para superar la tensión provocada por los tontos de baba.
Espero que el Real Zaragoza llegue a compensar la intensidad del trabajo de César porque tiene un gran futuro como "hombre fuerte" en el club. Sabe de fútbol, tiene una formación de un gran nivel, es capaz de gestionar los recursos humanos de un vestuario y siente el Real Zaragoza como pocos. Por eso me da miedo que le releguen a un plano inferior y que no cuenten con él como el profesional independiente que llama a las cosas por su nombre sin tener que mendigar un puesto de trabajo para comer.
Recuerdo con mucho cariño las transmisiones que hemos compartido durante años en Aragón Radio, su timidez al principio y su capacidad de expresión al final de su trayectoria como un comentarista de altísimo nivel. Sobre todo cuando, rememorando a mi admirado Darth Vader, le decía con la voz del maravilloso villano del lado oscuro de la fuerza: "emperador, soy tu padre". Momentos inolvidables de un pasado que ya jamás se volverá a repetir pero que nos indican que debemos aprovechar cada segundo de nuestra vida como si fuera el último. Incluso en los instantes de mayor sufrimiento se puede apelar al humor y adornar con una sonrisa el rostro.
Gracias, César, por tu trabajo y dedicación. Quédate con lo mejor de esta intensa etapa y afronta con ilusión cualquiera de los retos que te proporcione la vida. Como dijo Ildo Maneiro, fugaz entrenador del Real Zaragoza hace veintisiete años, "lo que hoy parece una tragedia mañana será una mera anécdota".

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Faltan cuatro jornadas de Liga para terminar la temporada y todo puede pasar. Por abajo la gente se va despabilando y se consiguen resultado...

Necesidad

Faltan cuatro jornadas de Liga para terminar la temporada y todo puede pasar. Por abajo la gente se va despabilando y se consiguen resultados que nos perjudican porque el descenso a Segunda B es un castigo terrible. Y la desaparición para el Real Zaragoza, por poner un ejemplo claro de lo que nos estamos jugando. El encuentro del viernes parece demasiado lejano y en él se dieron las circunstancias habituales que están empujando al club al abismo: la falta de recursos físicos en la plantilla, su lamentable configuración, el nerviosismo a medida que el partido avanza y la mala fortuna. Porque a los perdedores siempre les resulta esquiva la suerte y no es de recibo encajar tantos goles en los últimos instantes de los partidos que provocan pérdidas de puntos insoportables.
Nadie podrá decir nunca que la Romareda se ha rendido o no se ha volcado en apoyar a los suyos. Pero ni aún así se mejora una racha irregular que hace del viejo coliseo zaragocista un lugar favorable para cualquiera. La sangría de puntos en casa es terrible, más aún cuando hablamos de Segunda División y de equipos cuya trayectoria en esta liga, no ya en su historia, ofrece un equipaje pesado. El estadio parece en ruinas en cuanto a su aspecto exterior e interior, y un lugar de fácil saqueo para cualquier equipo que llegue sabiendo las inmensas carencias de esta plantilla. No hubo tantas diferencias entre un candidato al play off y otro que se debate en salir de las profundidades. Que la liga sea tan barata, que la promoción sea tan débil en cuanto a calidad y proyeccción de futuro, aún hace más agónico el paso del Real Zaragoza por esta categoría.
El Real Zaragoza tiene la necesidad de tres o cuatro puntos en las últimas jornadas de Liga. y no sé dónde va a poder conseguirlos. Llegar hasta aquí de esta manera es agotador y que el premio, en el mejor de los casos, sea otro año más en Segunda teniendo que cambiarlo todo con urgencia para afrontar la próxima temporada, parece una pesadilla.
No lo sé, empieza una semana muy dura de nuevo, con el cansancio arrancando las escasas esperanzas de un final tranquilo.

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Salir derrotados del campo municipal de Reus fue un golpe inesperado. Sin desmerecer al equipo catalán, que también se jugaba la permanencia...

Estremecidos

Salir derrotados del campo municipal de Reus fue un golpe inesperado. Sin desmerecer al equipo catalán, que también se jugaba la permanencia, parecía que las posibilidades de conseguir un marcador favorable eran elevadas. Se venía de una buena primera parte ante un equipo superior como el Getafe que aprovechó sus ocasiones para remontar. Se pudo, incluso, empatar en los segundos finales y la moral no se quebró pese a la derrota. Quedaban balas en la recámara y el disparo en tierras tarraconenses debía ser certero pero el tiro salió por la culata. Y nos dejó tocados y estremecidos, con la realidad otra vez pisándonos los talones y el descenso como una posibilidad que se presentaba como posible.
El cambio de sistema con la inclusión de Samaras no funcionó aunque el griego se comprometió durante todo el partido e hizo lo que pudo. Pero Ángel no estuvo afortunado, las bandas no ocasionaron peligro, el centro del campo no creó juego y la defensa falló otra vez más de lo permisible. Mal partido, solamente un par de ocasiones a favor y un equipo adversario que táctica y físicamente sabía lo que hacía aunque sin calidad ni pegada.
Superado este triste episodio, de cara al próximo compromiso en el coliseo zaragocista, no tengo ninguna duda sobre la respuesta de la afición el viernes en el crucial partido contra el Cádiz. Veo a la gente en los desplazamientos, en la Romareda, por la calle. Leo sus opiniones en las redes sociales, hablo con ellos. Jóvenes y mayores, hombres y mujeres, eruditos y gente sencilla. El poso de los seguidores zaragocistas es de un calado profundo, sin reticencias ni tonterías. Existe una pena muy honda, una insatisfacción evidente, un dolor insoportable. Pero el viernes se concentrarán con toda la ilusión que puedan compartir con los que estén a su lado para colaborar en un triunfo necesario, agónico, dramático. Escribo estas lineas de noche, ya el 10 de mayo. Cuando se cumplen veintidós años de la mayor gesta zaragocista de su historia. Y cuando ahora nos arrastramos por la peor época de los últimos setenta años del club. Jamás pensé en que esto, lo que estamos sufriendo los últimos años, pudiera ocurrir. Ni que llegaría a celebrar una victoria con tantos deseos como esta. Pero es lo que nos ha tocado vivir y debemos asumirlo y superarlo. Y cuando se consiga, pedir explicaciones y exigir los cambios profundos y necesarios que se precisan para no continuar en el infierno.

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Sexta derrota del Real Zaragoza en la Romareda, que ha dejado de ser desde hace varias temporadas un emblema para degustar las victorias del...

Incertidumbre hasta el final

Sexta derrota del Real Zaragoza en la Romareda, que ha dejado de ser desde hace varias temporadas un emblema para degustar las victorias del conjunto aragonés, para convertirse en un agujero por donde se escapan las ilusiones de una afición más comprensiva que nunca. Fue especialmente emotivo que los cerca de veinte mil aficionados blanquillos animasen a Ángel cuando falló un remate en el minuto 93 que podría haber significado el empate. Un objetivo menor pero suficiente para mantener la ilusión en cerrar cuando antes la herida de una temporada decepcionante. Si hemos de buscar algo positivo en esta década ominosa, quizás lo encontremos en la complicidad de una hinchada que asume su condición y que lucha con generosidad al lado de su equipo. Cambiante, sin criterio, sin metas a corto plazo y que convive con la amenaza permanente de su desaparición.
César Laínez ha sustentado su liderazgo en el sentido común, el cambio táctico y la normalidad a la ora de asumir sus compromisos. Dentro de la tremenda exigencia que él mismo se ha impuesto, sin que necesite ningún estímulo exterior o de dentro del propio club para capitanear un ejército quebrado emocionalmente y sin fuerzas para llegar al final de cada batalla. Pero él no hace milagros ni es capaz de cambiar la realidad. El Getafe dispone de una plantilla más amplia, de jugadores de mayor calidad, de un entrenador que ha impuesto un sistema propio de Segunda División para luchar para el ascenso y de una situación económica más favorable. Y que, pudiendo ceder finalmente un punto, se llevó los tres porque en la segunda mitad fue claramente superior. Por sus méritos o por el miedo escénico y la escasa fortaleza de los jugadores locales.
Ahora queda el resto de los capítulos de esta historia. Donde habrá que sumar los tres puntos de Reus, un equipo recién ascendido y que fue revelación en la primera vuelta. Cuyo entrenador parece que es el candidato al banquillo zaragocista y que puede quedar aún más abajo que el Real Zaragoza. Y luego, otros adversarios que serán todavía más complicados y que cada partido harán más tenso el ambiente y necesario el triunfo. Porque por abajo se están desperezando y los de arriba tienen más recursos que nosotros para ganarnos en su terreno de juego en la propia Romareda.
Así las cosas solamente resta entregarse a fondo en cada uno de los compromisos como si fuera el último. Y cuando termine la temporada, con la seguridad de disputar la quinta temporada consecutiva en Segunda División, hacer de una puñetera vez las cosas bien para intentar competir por el ascenso y regresar de donde jamás debimos partir.

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Gol a gol, paso a paso. Dejando la portería a cero y sufriendo como perros. El premio es tan indigno como la realidad actual del Real Zarago...

Dos goles, seis puntos.

Gol a gol, paso a paso. Dejando la portería a cero y sufriendo como perros. El premio es tan indigno como la realidad actual del Real Zaragoza pero tan importante como para no desaparecer y tener opciones a construir una plantilla competitiva para la próxima temporada. Ganar a dos equipos que luchan por evitar el descenso es difícil porque la necesidad iguala a todos en el momento de la supervivencia. Dos goles, seis puntos y una distancia ya equidistante de la promoción y del descenso. Llegando al final con la "reserva", sin apenas combustible en el depósito. Y lo más importante, dejando de cometer errores que penalicen de manera irreversible el marcador final.
Se ganó en la Romareda al Mallorca, cuyo futuro a nivel institucional es terrible si tenemos en cuenta la falta de apoyo de la afición bermellona, el estado de profundo deterioro de la entidad y sus escasas posibilidades de encontrar soluciones válidas a corto plazo. También se sumaron los tres puntos en Anduva, donde Pablo Alfaro se jugaba a cara o cruz una de sus últimas ocasiones para evitar el descenso. Con sufrimiento, pidiendo la hora, con marcadores muy ajustados... Es verdad, pero no es menos cierto que la apariencia de peligro es más producto de nuestra desconfianza que real sobre el terreno de juego.
César ha conseguido darle un punto de sensatez y coherencia al equipo, ordenando tácticamente a sus futbolistas sobre el terreno de juego y evitando poco a poco el exceso de nervios en los agónicos minutos finales. Habla con claridad, impone desde el sentido común y ejerce de líder. Sabe expresarse ante los medios de comunicación y tiene muy claro que desea ser un hombre de club, por encima del paso de los entrenadores. No merece ser uno más, utilizado hasta que se sumen tres o cuatro derrotas para seguir devorando el club técnicos y proyectos. Con César como un puntal dentro del cuerpo técnico, el trabajo que ya está desarrollando Lalo Arantegui y tiempo suficiente para organizar de una vez la confección de una plantilla competitiva, los errores de los últimos años no tienen que volver a producirse.
Eso sí, aún está latente la amenaza económica y que ha pasado a un segundo plano de la actualidad a causa de la caída provocada por la insistencia en no cesar a Raúl Agné cuando se marchó, alabado sea Dios, Narciso Juliá. Que no es moco de pavo y va a exigir tomar decisiones a los miembros del consejo de administración. Por encima de egos, personalismos o intereses propios de cada uno. Allí es donde se tienen que dirigir sus esfuerzos y dejar trabajar a los profesionales del balón redondo en su parcela.

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No parece posible que en esta segunda división marcar dos goles fuera de casa no te aseguren la victoria. Y menos ante uno de los equipos qu...

El equipo está descoyuntado

No parece posible que en esta segunda división marcar dos goles fuera de casa no te aseguren la victoria. Y menos ante uno de los equipos que luchan por evitar agónicamente el descenso, y haciéndole los dos tantos en los primeros ocho minutos de partido. El equipo es débil físicamente y se resguarda en las proximidades del área porque no puede aguantar el ritmo de competición. Algunos jugadores apenas tienen fuerzas para llegar al descanso y el pánico les impide pensar. Por eso se producen errores de concentración, se echan atrás para defender lo mucho o poco que hayan conseguido y se termina con una agonía en el cuerpo que invita a la desmoralización. Consiste en resistir como se pueda, luchando en inferioridad de condiciones por una terrible falta de previsión en la pretemporada que provocó una lamentable puesta a punto de los jugadores. Algunos de los cuales se fichó conociendo que suponían un riesgo importante de lesiones y falta de ritmo de competición.

Las ausencias de Cabrera y Lanzarote se notaron demasiado el domingo en el estadio de los Juegos Mediterráneos, especialmente la del defensa uruguayo qué obligó a César a conformar una defensa de circunstancias y muy poco fiable, que se desangraba por los costados. Para colmo se vino abajo Javi Ros, Cani desapareció sobre el terreno de juego y la capacidad de creación y de contención de los blanquillos hizo aguas de manera alarmante. Álvaro Ratón está nervioso y seguimos teniendo un grave problema en la portería que nos mantiene entre los tres equipos más goleados de la categoría.
El momento es grave y difícil, a diez puntos de la permanencia y con puntos tan trabajador y sufridos como insuficientes para disminuir el nivel de preocupación por la permanencia. Un objetivo que podrá parecer menor pero que ahora es tan real como complicado. No se trata ya del trabajo a destajo del tercer entrenador esta temporada, buscando corregir los tremendos errores de sus predecesores y de la dirección deportiva. Tampoco del grado de interés y de implicación de la plantilla, que en general es positivo. El problema es que no pueden con su alma y que la última media hora de cada encuentro es una agonía. Que el equipo lo sabe y los adversarios también, aprovechando la caída en picado de unos jugadores.
En estas circunstancias lo único que hay que hacer es apretar los dientes, cerrar los puños, dejarse el alma y apelar al talento quienes lo posean. Dar un paso adelante aunque no se pueda más, encomendarse a la Divina Providencia o aprovechar la oleada zaragocista de La Romareda para cerrar los partidos en casa.
No va a ser fácil pero tampoco es imposible. Consiste en no cometer errores y aprovechar en los que incurran los demás. Y luchar por la supervivencia, que anestesia el dolor y provoca un subidón de adrenalina capaz de superar las condiciones más adversas.

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Estamos acostumbrados a pensar cuando se consigue una victoria que, a partir de ese momento, cambiarán las cosas. Esta temporada no ha ocurr...

Cuestión de fe

Estamos acostumbrados a pensar cuando se consigue una victoria que, a partir de ese momento, cambiarán las cosas. Esta temporada no ha ocurrido así y, por ejemplo, después de los triunfos ante el Rayo Vallecano, Huesca y Numancia, daba la impresión que la caída se detendría; aunque fuera exigiendo un fuerte golpe contra las piedras del abismo. Y ha sido al contrario porque la decepción y el fracaso han acompañado cada atisbo de éxito hasta terminar reconociendo el zaragocismo que el objetivo de esta temporada era evitar el descenso a Segunda B. Una vergüenza intolerable, un espantoso ridículo, insoportable para los 85 años de historia que recientemente ha cumplido el club. Pero vivimos en el presente y la situación actual nos ahoga, pensando incluso en que no habrá un mañana.

Elche ha podido ser el punto de inflexión necesario para que las torcidas líneas del destino puedan escribirse rectas por la constancia y el cambio. Creo que la decisión de cesar a Raúl Agné tenía que haberse tomado al mismo tiempo que la salida de Narciso Juliá. Ambos han limitado el presente de un club que jamás había sido tan pequeño y tan vulnerable. No acertaron los propietarios del club seguramente para evitar equivocarse todavía más, sin admitir que un club de fútbol nada tiene que ver con una empresa convencional. La ilusión, el sentimiento y la emoción están por encima del éxito económico aunque los accionistas de la compañía hayan arriesgado su dinero para conseguir un beneficio. Pero ambas cosas pueden coexistir si no se refugian en su cúpula inabordable donde los palmeros buscan su negocio mintiendo a sus amos y los empleados no tienen más remedio que aguantar carros y carretas para proteger su generosa retribución económica.
De ahí viene cerrar las puertas de los entrenamientos, intentar (sin éxito) hacer del club un medio de comunicación a través de su web y de alejar lo más posible a la prensa y a la afición de la entidad. Es cierto que hay buenos, regulares y malos periodistas; medios proclives y antagónicos, incluso independientes,  y un reducido número de seguidores cuya actitud es totalmente reprobable como en todas las aficiones del mundo. Pero aquí pagan justos por pescadores y se utiliza la máxima de "café para todos". Y eso termina pasando factura incluso en quienes han sido contemplativos y nada beligerantes.
En fin, que me alegro de que César Lainez haya dado un paso adelante advirtiendo que su paso es provisional ya que su cometido es la formación. Y que le falta el recorrido necesario como entrenador porque no ha tenido tiempo para ello. Pero es inteligente, constante y no tiene miedo a equivocarse porque los errores forman parte de nuestro aprendizaje. Por eso, como mínimo, hay que concederle el beneficio de la duda e incluso la confianza que merece por su trayectoria. Se trata, simplemente, de una cuestión de fe.

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No pudo ser un aniversario más cruel y despiadado. Se cumplían 85 años de la fundación de un club con raíces centenarias y con el deseo de s...

Hundidos en la tragedia

No pudo ser un aniversario más cruel y despiadado. Se cumplían 85 años de la fundación de un club con raíces centenarias y con el deseo de sumar tres puntos que nos acercaran a la salvación de un desastre que cada vez se hace más presente en la afición zaragocista. Fue un final indigno, impropio de un equipo que debería luchar por evitar su fractura en mil pedazos. Si fue inexplicable la actitud del meta del Sevilla Atlético regalándole el gol del empate al Real Zaragoza y provocando después de su expulsión, no hay quien pueda entender que se perdiera un partido de forma tan increíble y grosera. Cuando se tenía que remontar el resultado adverso ante un puñado de chavales, cuando las gradas estaban animando sin parar, cuando había un futbolista de campo defendiendo su portería con el rostro atemorizado, se encajó el tanto de la derrota.
Absurdo, vergonzoso, humillante e impropio en un escenario donde se han librado batallas épicas y donde el deshonor corroe ahora sus cimientos. En una Romareda mortalmente herida, que cierra sus ojos a lo que ve, su corazón a lo que siente, su inteligencia a la que se insulta desde hace años. La gente se marcha sin apenas protestar, huyendo de semejante sonrojo que destroza los sentimientos de los más veteranos y de los más jóvenes, maltratados desde fuera y desde dentro, incapaces de asimilar tanta desgracia inexplicable.
Jamás había transmitido a través de las ondas de la radio semejante mensaje de incompetencia, de falta de capacidad, de negligencia absoluta. En un clima de fracaso y hundimiento que parece imposible de detener. El equipo se precipita al descenso después de unos números miserables que hacen de esta etapa la peor en la historia del club. Y es doloroso narrar, expresar con palabras, lo que está ocurriendo. Este proceso de destrucción que dura ya varios años y que parece tener un final cercano. Descender significa desaparecer, poner fin a una corriente emocional de varias generaciones que ha unido a cientos de miles de personas estas última décadas. Matar una ilusión.
Es el momento en el que los propietarios deben reflexionar, tomar decisiones y asumir sus responsabilidades. Y no solamente con el cese del entrenador, sino con sus funciones dentro de la sociedad y las opciones de cambio que empresarialmente tiene el Real Zaragoza para evitar que deje de existir en tan solo unos meses.

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Tampoco se produjo la victoria en Alcorcón, donde no se afrontó el encuentro con la necesaria actitud para obtener los tres puntos. Quizás f...

Otro intento fallido

Tampoco se produjo la victoria en Alcorcón, donde no se afrontó el encuentro con la necesaria actitud para obtener los tres puntos. Quizás fuera el último enganche posible para seguir con la ilusión de asirse a los play off, algo que el día a día nos recuerda muy a nuestro pesar, que es una idea estéril. A este equipo le falta contundencia, calidad y alma, porque la confección de la plantilla fue inadecuada y sus líderes incapaces de obtener un mejor resultado con estos futbolistas. El fracaso de Narciso Juliá ha sido tan estrepitoso como perjudicial para el club y la presencia en el banquillo de Luis Milla y Raúl Agné muy negativa para el recorrido intermitente y desafortunado del equipo esta temporada.
Una campaña echada a perder definitivamente y donde solamente queda el pensamiento de terminarla sin sufrimiento, es decir, sin la vergüenza de jugarse la permanencia a dos o tres jornadas del final con la sensación de sufrir como perros y con el culo prieto hasta que concluya este infierno.

Otro año más sin recuperar la identidad perdida, con la apertura de grietas en la unidad zaragocista que se fusionó en los estertores de la era "Agapito" y que ahora presenta una fragilidad que confunde a los seguidores blanquillos y que se ha convertido en caldo de cultivo para reacciones tan peligrosas como inútiles.
El alejamiento del club, el silencio de sus responsables, la falta de información, el distanciamiento con la prensa, las dolorosas derrotas, el cambio de directores deportivos y entrenadores devorados como en la etapa anterior, deja inermes a unos futbolistas que pasean su mediocridad por los campos de fútbol y que no ganan ni a tiros.
El empate del domingo en Alcorcón se produce en un ridículo lance del juego donde fallan estrepitosamente el portero y el central del equipo madrileño. A dos minutos del final, cuando se preparaba el hacha para decapitar deportivamente a Raúl Agné. Que sabe que es solamente un paraguas para aguantar los dos próximos partidos en la Romareda y que su salida se producirá cuando más le convenga a la propiedad. Por eso contesta de la manera que lo hace, se permite actitudes sorprendentes a la hora de convocar, alinear y sustituir a los jugadores y vive sin apenas presión.
Otro intento fallido, el de ayer en Santo Domingo y el de esta temporada para intentar el ascenso. Una misión que de necesaria se ha convertido en imposible, por lo menos a corto plazo.

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Las sensaciones del encuentro del sábado en la Romareda son positivas porque se compitió durante gran parte del encuentro frente al líder y ...

Al final lo que valen son los puntos

Las sensaciones del encuentro del sábado en la Romareda son positivas porque se compitió durante gran parte del encuentro frente al líder y porque la afición se volcó otra vez con el equipo. Incluso creyó en la remontada, animando en cada oportunidad de gol a los blanquillos especialmente en los estertores del partido. Pero las victorias se consiguen marcando más goles de los que encajas. Aquellos que no es capaz de materializar el equipo aragonés y los que recibe con demasiada frecuencia. Se vio en el Alcoraz, donde solamente se pudo ganar obteniendo tres tantos, en un partido atípico y del que no se pueden extraer demasiadas conclusiones al estar tan condicionado mediáticamente. Tal es así que la SD Huesca supo ganar el domingo en Córdoba con autoridad mientras que el Real Zaragoza perdió otra vez en la Romareda por errores individuales.

Los de Ángel y Dongou arriba, el de Irureta en la meta blanquilla y los del colegiado, que anuló incorrectamente el tanto de Rolf y no mandó al vestuario anticipadamente a Roger por un codazo alevoso. De todas formas parecen mucho más graves las equivocaciones del meta vasco porque son reiteradas y muy llamativas, fallos espectaculares que cuestan puntos y lastran al resto del equipo. No es cuestión de personalizar en Xabi Irureta, que sufrirá cuando la grada le pita en su propio campo. Si no atraviesa un buen momento, si tiene dudas, la obligación del entrenador en un puesto tan específico es darle la oportunidad al suplente. Que también padece en el banquillo la desmoralización de no contar con la confianza del técnico sin cometer fallos tan clamorosos como el meta titular. También se puede preguntar la afición para qué se ha fichado a Sebastián Saja si no está en condiciones de jugar y si no había otro portero en el mundo que pudiera entrar en una convocatoria y estar listo para ocupar el arco en menos de un mes. Demasiados egos en los que se marcharon, en los que están no se sabe por cuanto tiempo y en los responsables del club, que deportivamente no le han cogido el tranquillo al negocio balompédico.
Consiste ahora en ser pragmáticos, en dejar el nerviosismo y la ansiedad a un lado, en asumir cada uno su responsabilidad y en tomar decisiones acertadas. Con calma y acierto, sin empezar a mirar a todos los lados buscando culpables. Porque cuando los clubes se hacen endogámicos, se apartan de su masa social y contemplan como enemiga a la prensa, se están cavando su propia fosa

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Aposté por Narciso Juliá cuando llegó al Real Zaragoza. Le recordaba de su etapa como futbolista y como segundo entrenador del equipo y de l...

Decepción

Aposté por Narciso Juliá cuando llegó al Real Zaragoza. Le recordaba de su etapa como futbolista y como segundo entrenador del equipo y de la buena relación que mantuve con él durante todo este tiempo. Me equivoqué; su paso por el FC Barcelona le debió cambiar y llegó a Zaragoza con la idea de convertir al club aragonés en una borrosa copia del Barcelona de Guardiola. Y este club no es una prolongación de ningún otro porque tiene una historia, un poso y una afición diferente. Una formidable masa social que ha demostrado en los peores momentos de su historia (estos últimos años) su comprensión y capacidad de reacción ante situaciones que hubieran desanimado a cualquier otra hinchada.
Es muy valorable el paso adelante dado por la actual propiedad para sustituir a Agapito Iglesias y trabajar en sanear la situación económica y financiera del Real Zaragoza. En darle credibilidad a una entidad que no tenía crédito en el fútbol español. Eso lo ha conseguido, sin duda. Pero no ha logrado construir un equipo de éxito en el plano deportivo, los resultados están ahí. Es posible que sus deseos de ascender por la vía rápida hayan desembocado en una permanente huída hacia adelante con resultados adversos. Se han devorado entrenadores de muy bajo perfil y futbolistas sin calidad ni capacidad de asimilar lo que es este club. Un carrusel de cambios que no han llevado a ningún sitio excepto a la desilusión más absoluta.
Es fundamental que desde la propiedad se explique cómo están las cosas, quién es el responsable y qué va a ocurrir a partir de hora. Porque los seguidores blanquillos merecen que les digan lo que pasa y hacia dónde camina la entidad. Sea lo que sea, incluso renunciar a la lucha por los play off para lograr la permanencia y preparar un equipo de garantías de cara a la próxima temporada; con un director deportivo que pise el suelo sin catalanismos balompédicos, un entrenador de verdad y unos jugadores con carácter y compromiso.
Ya vale de alejar al equipo, al club, de los aficionados y de los medios de comunicación como si fuéramos el enemigo. Una estupidez como un templo, un error que están pagando caro. Que nadie olvide que los periodistas disfrutamos más con los éxitos que con los fracasos, que ganamos más dinero, que viajamos a mejores lugares, que somos más felices... Revolcarse en la mierda es para la minoría, alguno hay por ahí, pero no para la gente normal que somos la mayoría.
Estoy decepcionado y desilusionado. Este mes cumplo mis 41 años en la profesión y 2016 ha sido mi peor año con diferencia por situaciones derivadas de mi profesión, de mi entorno y de mi propia existencia. Pero renuncio a pensar en que todo está perdido porque yo voy a seguir luchando hasta el final. Una cosa es perder y otra muy distinta, rendirse.

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Termina la primera vuelta con otra derrota desilusionante y que deja en evidencia al Real Zaragoza. Desde su consejo de administración al úl...

Fracaso absoluto

Termina la primera vuelta con otra derrota desilusionante y que deja en evidencia al Real Zaragoza. Desde su consejo de administración al último futbolista, pasando por los pesos pesados del vestuario, el entrenador y el director deportivo. Ninguno llega al aprobado y alguno suspende con cero, especialmente por las expectativas levantadas. Es el caso de Narciso Juliá, que ha fracasado en la elección de los tres entrenadores del último año natural y de los futbolistas para nutrir un vestuario que no da la talla. Incluidos Rubén Gracia "Cani" y Alberto Zapater, que pueden pasar de ser una esperanza a las víctimas de esta situación. Algo que sería injusto porque ellos dieron un paso importante al venir aquí y advirtieron que necesitaban del compromiso de toda la plantilla para ayudar al único objetivo propuesto, el ascenso de categoría.

El equipo demuestra irregularidad, falta de concentración, una actitud moral muy débil y fragilidad en todas las demarcaciones. Sin liderazgo, capacidad de reacción y confianza. Le falla el aspecto físico, el técnico, el táctico y el emocional. Sale derrotado al terreno de juego y su única opción es cansar al rival hasta los últimos minutos del partido y esperar a acertar en las escasas ocasiones de gol que genera. Y así es una lotería, lo que significa que es muy difícil que te toque, incluso la "postura".
Mi capacidad de sorpresa está superada ampliamente, del mismo modo que la ilusión y la esperanza, arrancadas de mi corazón por todas las confluencias deportivas, profesionales y personales. Pero entiendo que la afición esté decepcionada, cansada y harta. Es natural y comprensible. Creo que el equipo directivo no tiene que pensar como Raúl Agné que los seguidores blanquillos y los medios de comunicación estemos intoxicando al Real Zaragoza. Y que no debe de cerrarse en su cúpula de cristal pensando en que el club y sus trabajadores hacen todo bien y que son los árbitros, la mala suerte y los periodistas nos hemos confabulado para reventar el proyecto.
Ahora el sentido común indica que el trabajo debe ir en la dirección de recuperar a la plantilla, reducir la presión para que no se vengan abajo indicando que el objetivo es la permanencia, y preparar una plantilla de verdad seria y competitiva para intentar el ascenso en 2018. Sin dejar pasar las escasísimas posibilidades de llegar a los play off y de luchar como perros por el ascenso sin se pudiera.

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Es difícil reaccionar con una actitud positiva cuando el carrusel de emociones, ilusiones y esperanzas termina siempre en caída libre. Acaba...

Perdidos en la nada

Es difícil reaccionar con una actitud positiva cuando el carrusel de emociones, ilusiones y esperanzas termina siempre en caída libre. Acabamos de comenzar el año y aún no hemos finalizado la primera vuelta y nos encontramos, como siempre, perdidos en la nada. Muy lejos del ascenso directo, sin puntos ni sensaciones que nos permitan albergar una lucha por el ascenso directo. A lo sumo, y con suerte, a la sexta plaza para jugarnos a dos o cuatro partidos la tercera plaza que da derecho a regresar a Primera División.
Puede parecer pesimista esta reflexión pero en estos momentos los números la confirman. No se trata de una opinión expresada desde el malestar o la decepción por la última derrota, sino de una realidad contrastada con el momento actual y en comparación a temporadas anteriores. Sin tener en cuenta las proyecciones de cara al futuro.
Decía Raúl Agné el domingo que él no estaba intoxicado por el ambiente en el entorno zaragocista porque acababa de aterrizar en la capital aragonesa. Después, a instancias de un periodista local en la sala de prensa, dulcificó esta afirmación asumiendo que no estaba impregnado de la sensación negativa que envolvía a la mayoría del zaragocismo. Debemos, en cualquier caso, ser más acertados con nuestras expresiones porque podemos decir aquello que no queremos y alimentar el fuego en una situación difícil. "Intoxicar", en el contexto en que se explicaba el entrenador zaragocista significa ofrecer una información manipulada o falsa para crear un estado de opinión propicio para un fin determinado. Y éste no es el caso. Porque el equipo está fuera de los play off, ha ganado solamente 7 partidos de 20 disputados y es el segundo equipo más goleado de Segunda División. Esos datos son también irrefutables. Ya más opinativo sería decir que Pablo Machín le ganó la partida a Raúl Agné en el planteamiento y en los cambios, que José Enrique será baja por una lesión cuando el futbolista estaba con molestias y era un riesgo su alineación, que se debía haber sustituido a Cani antes de su expulsión e incluso al propio Zapater, que ya no podía más físicamente. O el nuevo error de Irureta, que volvió a costarle tres puntos al equipo...
No se trata de intoxicar, no hay ningún fin malévolo para desestabilizar ni al consejo de administración, ni a la dirección deportiva (también con una gran responsabilidad en la calidad de los fichajes y en el distanciamiento del equipo con la prensa y el público), ni al entrenador, ni a la plantilla. En absoluto. pero no se pueden cerrar los ojos a la realidad y quejarse siempre de los árbitros, del bajo presupuesto por la deuda y de la mala suerte en las lesiones.
Todos queremos que ascienda el Real Zaragoza. pero, por favor, cuando las cosas vayan mal no maten al mensajero. El portador de malas noticias no las fabrica, las expresa. Y esa actitud, además de ser injusta, es totalmente estúpida.

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