No pudo ser un aniversario más cruel y despiadado. Se cumplían 85 años de la fundación de un club con raíces centenarias y con el deseo de sumar tres puntos que nos acercaran a la salvación de un desastre que cada vez se hace más presente en la afición zaragocista. Fue un final indigno, impropio de un equipo que debería luchar por evitar su fractura en mil pedazos. Si fue inexplicable la actitud del meta del Sevilla Atlético regalándole el gol del empate al Real Zaragoza y provocando después de su expulsión, no hay quien pueda entender que se perdiera un partido de forma tan increíble y grosera. Cuando se tenía que remontar el resultado adverso ante un puñado de chavales, cuando las gradas estaban animando sin parar, cuando había un futbolista de campo defendiendo su portería con el rostro atemorizado, se encajó el tanto de la derrota.
Absurdo, vergonzoso, humillante e impropio en un escenario donde se han librado batallas épicas y donde el deshonor corroe ahora sus cimientos. En una Romareda mortalmente herida, que cierra sus ojos a lo que ve, su corazón a lo que siente, su inteligencia a la que se insulta desde hace años. La gente se marcha sin apenas protestar, huyendo de semejante sonrojo que destroza los sentimientos de los más veteranos y de los más jóvenes, maltratados desde fuera y desde dentro, incapaces de asimilar tanta desgracia inexplicable.
Jamás había transmitido a través de las ondas de la radio semejante mensaje de incompetencia, de falta de capacidad, de negligencia absoluta. En un clima de fracaso y hundimiento que parece imposible de detener. El equipo se precipita al descenso después de unos números miserables que hacen de esta etapa la peor en la historia del club. Y es doloroso narrar, expresar con palabras, lo que está ocurriendo. Este proceso de destrucción que dura ya varios años y que parece tener un final cercano. Descender significa desaparecer, poner fin a una corriente emocional de varias generaciones que ha unido a cientos de miles de personas estas última décadas. Matar una ilusión.
Es el momento en el que los propietarios deben reflexionar, tomar decisiones y asumir sus responsabilidades. Y no solamente con el cese del entrenador, sino con sus funciones dentro de la sociedad y las opciones de cambio que empresarialmente tiene el Real Zaragoza para evitar que deje de existir en tan solo unos meses.
Tampoco se produjo la victoria en Alcorcón, donde no se afrontó el encuentro con la necesaria actitud para obtener los tres puntos. Quizás fuera el último enganche posible para seguir con la ilusión de asirse a los play off, algo que el día a día nos recuerda muy a nuestro pesar, que es una idea estéril. A este equipo le falta contundencia, calidad y alma, porque la confección de la plantilla fue inadecuada y sus líderes incapaces de obtener un mejor resultado con estos futbolistas. El fracaso de Narciso Juliá ha sido tan estrepitoso como perjudicial para el club y la presencia en el banquillo de Luis Milla y Raúl Agné muy negativa para el recorrido intermitente y desafortunado del equipo esta temporada.
Una campaña echada a perder definitivamente y donde solamente queda el pensamiento de terminarla sin sufrimiento, es decir, sin la vergüenza de jugarse la permanencia a dos o tres jornadas del final con la sensación de sufrir como perros y con el culo prieto hasta que concluya este infierno.

Otro año más sin recuperar la identidad perdida, con la apertura de grietas en la unidad zaragocista que se fusionó en los estertores de la era "Agapito" y que ahora presenta una fragilidad que confunde a los seguidores blanquillos y que se ha convertido en caldo de cultivo para reacciones tan peligrosas como inútiles.
El alejamiento del club, el silencio de sus responsables, la falta de información, el distanciamiento con la prensa, las dolorosas derrotas, el cambio de directores deportivos y entrenadores devorados como en la etapa anterior, deja inermes a unos futbolistas que pasean su mediocridad por los campos de fútbol y que no ganan ni a tiros.
El empate del domingo en Alcorcón se produce en un ridículo lance del juego donde fallan estrepitosamente el portero y el central del equipo madrileño. A dos minutos del final, cuando se preparaba el hacha para decapitar deportivamente a Raúl Agné. Que sabe que es solamente un paraguas para aguantar los dos próximos partidos en la Romareda y que su salida se producirá cuando más le convenga a la propiedad. Por eso contesta de la manera que lo hace, se permite actitudes sorprendentes a la hora de convocar, alinear y sustituir a los jugadores y vive sin apenas presión.
Otro intento fallido, el de ayer en Santo Domingo y el de esta temporada para intentar el ascenso. Una misión que de necesaria se ha convertido en imposible, por lo menos a corto plazo.
Las sensaciones del encuentro del sábado en la Romareda son positivas porque se compitió durante gran parte del encuentro frente al líder y porque la afición se volcó otra vez con el equipo. Incluso creyó en la remontada, animando en cada oportunidad de gol a los blanquillos especialmente en los estertores del partido. Pero las victorias se consiguen marcando más goles de los que encajas. Aquellos que no es capaz de materializar el equipo aragonés y los que recibe con demasiada frecuencia. Se vio en el Alcoraz, donde solamente se pudo ganar obteniendo tres tantos, en un partido atípico y del que no se pueden extraer demasiadas conclusiones al estar tan condicionado mediáticamente. Tal es así que la SD Huesca supo ganar el domingo en Córdoba con autoridad mientras que el Real Zaragoza perdió otra vez en la Romareda por errores individuales.

Los de Ángel y Dongou arriba, el de Irureta en la meta blanquilla y los del colegiado, que anuló incorrectamente el tanto de Rolf y no mandó al vestuario anticipadamente a Roger por un codazo alevoso. De todas formas parecen mucho más graves las equivocaciones del meta vasco porque son reiteradas y muy llamativas, fallos espectaculares que cuestan puntos y lastran al resto del equipo. No es cuestión de personalizar en Xabi Irureta, que sufrirá cuando la grada le pita en su propio campo. Si no atraviesa un buen momento, si tiene dudas, la obligación del entrenador en un puesto tan específico es darle la oportunidad al suplente. Que también padece en el banquillo la desmoralización de no contar con la confianza del técnico sin cometer fallos tan clamorosos como el meta titular. También se puede preguntar la afición para qué se ha fichado a Sebastián Saja si no está en condiciones de jugar y si no había otro portero en el mundo que pudiera entrar en una convocatoria y estar listo para ocupar el arco en menos de un mes. Demasiados egos en los que se marcharon, en los que están no se sabe por cuanto tiempo y en los responsables del club, que deportivamente no le han cogido el tranquillo al negocio balompédico.
Consiste ahora en ser pragmáticos, en dejar el nerviosismo y la ansiedad a un lado, en asumir cada uno su responsabilidad y en tomar decisiones acertadas. Con calma y acierto, sin empezar a mirar a todos los lados buscando culpables. Porque cuando los clubes se hacen endogámicos, se apartan de su masa social y contemplan como enemiga a la prensa, se están cavando su propia fosa

Aposté por Narciso Juliá cuando llegó al Real Zaragoza. Le recordaba de su etapa como futbolista y como segundo entrenador del equipo y de la buena relación que mantuve con él durante todo este tiempo. Me equivoqué; su paso por el FC Barcelona le debió cambiar y llegó a Zaragoza con la idea de convertir al club aragonés en una borrosa copia del Barcelona de Guardiola. Y este club no es una prolongación de ningún otro porque tiene una historia, un poso y una afición diferente. Una formidable masa social que ha demostrado en los peores momentos de su historia (estos últimos años) su comprensión y capacidad de reacción ante situaciones que hubieran desanimado a cualquier otra hinchada.
Es muy valorable el paso adelante dado por la actual propiedad para sustituir a Agapito Iglesias y trabajar en sanear la situación económica y financiera del Real Zaragoza. En darle credibilidad a una entidad que no tenía crédito en el fútbol español. Eso lo ha conseguido, sin duda. Pero no ha logrado construir un equipo de éxito en el plano deportivo, los resultados están ahí. Es posible que sus deseos de ascender por la vía rápida hayan desembocado en una permanente huída hacia adelante con resultados adversos. Se han devorado entrenadores de muy bajo perfil y futbolistas sin calidad ni capacidad de asimilar lo que es este club. Un carrusel de cambios que no han llevado a ningún sitio excepto a la desilusión más absoluta.
Es fundamental que desde la propiedad se explique cómo están las cosas, quién es el responsable y qué va a ocurrir a partir de hora. Porque los seguidores blanquillos merecen que les digan lo que pasa y hacia dónde camina la entidad. Sea lo que sea, incluso renunciar a la lucha por los play off para lograr la permanencia y preparar un equipo de garantías de cara a la próxima temporada; con un director deportivo que pise el suelo sin catalanismos balompédicos, un entrenador de verdad y unos jugadores con carácter y compromiso.
Ya vale de alejar al equipo, al club, de los aficionados y de los medios de comunicación como si fuéramos el enemigo. Una estupidez como un templo, un error que están pagando caro. Que nadie olvide que los periodistas disfrutamos más con los éxitos que con los fracasos, que ganamos más dinero, que viajamos a mejores lugares, que somos más felices... Revolcarse en la mierda es para la minoría, alguno hay por ahí, pero no para la gente normal que somos la mayoría.
Estoy decepcionado y desilusionado. Este mes cumplo mis 41 años en la profesión y 2016 ha sido mi peor año con diferencia por situaciones derivadas de mi profesión, de mi entorno y de mi propia existencia. Pero renuncio a pensar en que todo está perdido porque yo voy a seguir luchando hasta el final. Una cosa es perder y otra muy distinta, rendirse.
Termina la primera vuelta con otra derrota desilusionante y que deja en evidencia al Real Zaragoza. Desde su consejo de administración al último futbolista, pasando por los pesos pesados del vestuario, el entrenador y el director deportivo. Ninguno llega al aprobado y alguno suspende con cero, especialmente por las expectativas levantadas. Es el caso de Narciso Juliá, que ha fracasado en la elección de los tres entrenadores del último año natural y de los futbolistas para nutrir un vestuario que no da la talla. Incluidos Rubén Gracia "Cani" y Alberto Zapater, que pueden pasar de ser una esperanza a las víctimas de esta situación. Algo que sería injusto porque ellos dieron un paso importante al venir aquí y advirtieron que necesitaban del compromiso de toda la plantilla para ayudar al único objetivo propuesto, el ascenso de categoría.

El equipo demuestra irregularidad, falta de concentración, una actitud moral muy débil y fragilidad en todas las demarcaciones. Sin liderazgo, capacidad de reacción y confianza. Le falla el aspecto físico, el técnico, el táctico y el emocional. Sale derrotado al terreno de juego y su única opción es cansar al rival hasta los últimos minutos del partido y esperar a acertar en las escasas ocasiones de gol que genera. Y así es una lotería, lo que significa que es muy difícil que te toque, incluso la "postura".
Mi capacidad de sorpresa está superada ampliamente, del mismo modo que la ilusión y la esperanza, arrancadas de mi corazón por todas las confluencias deportivas, profesionales y personales. Pero entiendo que la afición esté decepcionada, cansada y harta. Es natural y comprensible. Creo que el equipo directivo no tiene que pensar como Raúl Agné que los seguidores blanquillos y los medios de comunicación estemos intoxicando al Real Zaragoza. Y que no debe de cerrarse en su cúpula de cristal pensando en que el club y sus trabajadores hacen todo bien y que son los árbitros, la mala suerte y los periodistas nos hemos confabulado para reventar el proyecto.
Ahora el sentido común indica que el trabajo debe ir en la dirección de recuperar a la plantilla, reducir la presión para que no se vengan abajo indicando que el objetivo es la permanencia, y preparar una plantilla de verdad seria y competitiva para intentar el ascenso en 2018. Sin dejar pasar las escasísimas posibilidades de llegar a los play off y de luchar como perros por el ascenso sin se pudiera.

Es difícil reaccionar con una actitud positiva cuando el carrusel de emociones, ilusiones y esperanzas termina siempre en caída libre. Acabamos de comenzar el año y aún no hemos finalizado la primera vuelta y nos encontramos, como siempre, perdidos en la nada. Muy lejos del ascenso directo, sin puntos ni sensaciones que nos permitan albergar una lucha por el ascenso directo. A lo sumo, y con suerte, a la sexta plaza para jugarnos a dos o cuatro partidos la tercera plaza que da derecho a regresar a Primera División.
Puede parecer pesimista esta reflexión pero en estos momentos los números la confirman. No se trata de una opinión expresada desde el malestar o la decepción por la última derrota, sino de una realidad contrastada con el momento actual y en comparación a temporadas anteriores. Sin tener en cuenta las proyecciones de cara al futuro.
Decía Raúl Agné el domingo que él no estaba intoxicado por el ambiente en el entorno zaragocista porque acababa de aterrizar en la capital aragonesa. Después, a instancias de un periodista local en la sala de prensa, dulcificó esta afirmación asumiendo que no estaba impregnado de la sensación negativa que envolvía a la mayoría del zaragocismo. Debemos, en cualquier caso, ser más acertados con nuestras expresiones porque podemos decir aquello que no queremos y alimentar el fuego en una situación difícil. "Intoxicar", en el contexto en que se explicaba el entrenador zaragocista significa ofrecer una información manipulada o falsa para crear un estado de opinión propicio para un fin determinado. Y éste no es el caso. Porque el equipo está fuera de los play off, ha ganado solamente 7 partidos de 20 disputados y es el segundo equipo más goleado de Segunda División. Esos datos son también irrefutables. Ya más opinativo sería decir que Pablo Machín le ganó la partida a Raúl Agné en el planteamiento y en los cambios, que José Enrique será baja por una lesión cuando el futbolista estaba con molestias y era un riesgo su alineación, que se debía haber sustituido a Cani antes de su expulsión e incluso al propio Zapater, que ya no podía más físicamente. O el nuevo error de Irureta, que volvió a costarle tres puntos al equipo...
No se trata de intoxicar, no hay ningún fin malévolo para desestabilizar ni al consejo de administración, ni a la dirección deportiva (también con una gran responsabilidad en la calidad de los fichajes y en el distanciamiento del equipo con la prensa y el público), ni al entrenador, ni a la plantilla. En absoluto. pero no se pueden cerrar los ojos a la realidad y quejarse siempre de los árbitros, del bajo presupuesto por la deuda y de la mala suerte en las lesiones.
Todos queremos que ascienda el Real Zaragoza. pero, por favor, cuando las cosas vayan mal no maten al mensajero. El portador de malas noticias no las fabrica, las expresa. Y esa actitud, además de ser injusta, es totalmente estúpida.
No pensaba que una jugada tan absurda, tan inesperada, fuera a marcar un partido de esa manera. Todo parecía señalar que el empate iba a cerrar un mal encuentro con algunos detalles positivos del Real Zaragoza, pero que no terminaba de asumir la condición de necesario candidato al ascenso. La victoria era imprescindible para tener el derecho a seguir sufriendo y el empate no era suficiente. Pero daba la impresión que los hombres de Agné iban a ser incapaces de cerrar la primera vuelta con un triunfo lejos de la Romareda. A veces pasan cosas y hay que estar preparados para asumir que pueden ser buenas; como el penalty a favor señalado poco después de ese autogol de locura, que equilibraba el no pitado anteriormente y el tanto anulado a Dongou. Aunque al final siempre terminemos sufriendo con el contratiempo que supuso la expulsión de Marcelo Silva, más allá del tanto que acortaba distancias en el marcador con el reloj ya a cero...

Con más problemas que soluciones, en una competición muy abierta, el Real Zaragoza está allí a tan solo seis puntos del ascenso directo. Sin capacidad de maniobra en el caso de tropezar pero con las opciones intactas de llegar a la promoción y de allí, donde dios quiera. Pero habrá que tomar decisiones a la hora de plantear los partidos, de contar con los mejores jugadores y de hacer por lo menos tres fichajes solventes que permitan recorrer el durísimo camino que aún falta hasta llegar al final. El club ya debe saber dónde están sus carencias y cómo poner fin a tanta incertidumbre. Tanto en el plano deportivo, que no es satisfactorio, como en el ejecutivo porque no se define con claridad un liderazgo absolutamente necesario en la entidad. El proyecto no termina de concretarse y la afición necesita respuestas porque un club de fútbol sin gente a su alrededor no es nada, ni tan siquiera negocio.
Por eso comienza ahora, con el parón navideño, el momento de quienes dirigen el Real Zaragoza. Tomar las decisiones importantes, sin dejar a un lado las urgentes, pero con el punto de mira mucho más centrado en el objetivo. Que es un ascenso madurado, inteligente, independiente y definitivo. 
Escribo estas líneas regresando de Cádiz. Un viaje largo, molesto por la lluvia, decepcionante por lo visto en el emblemático Ramón de Carranza y que se convierte en penitencia por lo que se aventura pueda ocurrir en un futuro. Se puede ser mejor o peor, tener buena o mala suerte, pero nunca rendirse y abandonar cuando las cosas se tuercen. Y no es la primera vez que veo señales de resignación esta temporada, lo que me preocupa profundamente de este equipo. Sin alma, sin capacidad de reacción, entregándose a la fatalidad y asumiendo la derrota. Sin compromiso ni carácter, vencidos ante cualquier contratiempo y derrotados der antemano sin oponer resistencia.

Supongo que Raúl Agné seguirá buscando el estímulo en los suyos, pero parece imposible. La moral de la tropa se ha perdido y el ejército se muestra cobarde eludiendo el combate. Otra cosa es la confección de la plantilla, escasa y desequilibrada, con jugadores que no dan la talla técnica o con demasiados problemas físicos para una continuidad necesaria. El portero titular es el suplente que la temporada pasada jugaba en Tercera División, la defensa es un cachondeo, el centro del campo ni crea ni contiene, y los delanteros no marcan. El equipo se deshace por los costados y tropieza por su núcleo, desbaratándose la calidad y el talento en la pobreza global de una plantilla que, visto lo visto, no está capacitada para luchar por el ascenso. Y para mantenerse, habrá que esperar a conocer cómo se desenvuelven en las cloacas de la categoría para evitar la vergüenza y la amargura intolerables de partirse la cara con el puñado de rivales del fracaso para no descender a Sergunda B. Que sería la sentencia de muerte para el Real Zaragoza, precipitado entonces a una desaparición inevitable.
En caída libre, así está el conjunto aragonés que está arrancando la fe de los corazones de miles de zaragocistas que empiezan a asumir que estos últimos años pueden ser el prólogo a una marcha sin fin por el desierto, en busca de una tierra prometida que parece ya un espejismo.
No es sencillo mantener la ilusión cuando la esperanza se quiebra y las fuerzas te abandonan. Dadas las circunstancias parece complicado que el Real Zaragoza se sume al ascenso directo. Y no porque no quede tiempo para ello, sino por la diferencia de nivel que se observa entre los mejores equipos de la categoría con respecto a los blanquillos. Da la impresión que se dispone de un once titular competitivo pero va a ser difícil mantenerlo de manera regular. Cuando no se lesiona uno, se caen dos de la alineación por molestias musculares, o falta un tercero por sanción. Y así no hay manera de mantener una velocidad de crucero que favorezca la continuidad de cara al regreso a la Primera División.

No es un problema solamente de entrenadores, que los hemos tenido de todo tipo estos últimos años, sino de confección del grupo y de continuidad en el proyecto. Es verdad que Raúl Agné parece más contundente y preparado para las adversidades que Luis Milla, conoce mejor la categoría que Popovic o tiene un talante más generoso que Carreras. Pero le falta plantilla y no le queda más remedio que solucionar lo urgente antes que dedicarse a lo importante, además de no tener capacidad de maniobra en caso de tomar decisiones equivocadas.
Perder en Getafe y conseguir un empate en la Romareda ante el Reus es muy poco botín para sumarse a la cabeza de la tabla. Y no podemos pensar que Zapater y Cani son las soluciones mágicas del Real Zaragoza, sino dos grandes aportaciones que necesitan de un grupo compacto a su lado para crecer. El equipo se desangra en defensa, no controla el balón en el centro del campo y sufre mucho para conseguir goles que signifiquen puntos.
El sábado juega el Real Zaragoza en Cádiz, un escenario simbólico que nos lleva a recordar un pasado mejor y mucho más agradable que el actual. Y un objetivo imprescindible para sumar la primera victoria fuera de la Romareda. Porque los cuatro puntos conseguidos hasta el momento son insuficientes para meter la cabeza incluso en los puestos de promoción.
Eso sí, lo que no se puede conseguir con talento debe obtenerse con más trabajo y un compromiso mayor. Poniendo sobre el terreno de juego la intensidad y el sacrificio digno del escudo que llevan cosido a su camiseta los actuales jugadores del Real Zaragoza.
El sábado volveré a la "Tacita de plata", donde no he regresado desde que jugó por última vez el Trofeo Ramón de Carranza. Todo ha cambiado mucho desde entonces, demasiado; la vida es peor desde hace una década y el futuro no augura nada bueno a corto plazo. Pero es el momento que nos toca vivir y, si es posible, disfrutar. Porque las cosas todavía pueden llegar a ser peores.
Es muy pronto para extraer conclusiones con respecto a la influencia de Raúl Agné en la plantilla. Un par de entrenamientos, dos charlas y una victoria en la Romareda. Hasta que no se cumpla un ciclo de varios partidos y se mantenga una dinámica en el tiempo, es poco prudente valorar su trabajo en el equipo. De todas formas se observó sobre el terreno de juego un orden, un posicionamiento táctico y una implicación que, desde el comienzo de liga, no se veía sobre el terreno de juego. La defensa es más segura con Fran y José Enrique en las bandas mientras Marcelo Silva y Cabrera se centran exclusivamente en mantener a raya a los delanteros en el eje de la zaga. Y Álvaro Ratón, aunque también es pronto para saber si es un portero de garantías o no, resolvió sin problemas y con mucho acierto los estertores ofensivos del Almería.
Rubén Gracia "Cani" es, sin duda, el faro que ilumina este equipo. El futbolista de mayor talento de la categoría y el que, por sí mismo, crea peligro en cualquier situación donde esté sobre el terreno de juego. Su ausencia ha sido fundamental estos últimos encuentros porque no tiene recambio y, si pesa su presencia, aún es más notoria su pérdida. Por eso hay que aprovechar para ganarlo todo mientras esté en condiciones de aportar su calidad porque la competición es muy larga y es muy posible que sufra problemas musculares que obliguen a reservarlo para evitar que se lesione.
Ángel sigue con su extraordinario trabajo que le otorga la titularidad indiscutible, mientras da la impresión que Manu Lanzarote, fundamental en este equipo, está mucho más implicado que antes. Y con ganas, es un futbolista del que se tiene una formidable dependencia a balón parado, que es como llegan la mayoría de los goles blanquillos.
Poner orden, causar respeto y decir las cosas claras son cosas que ya ha hecho Raúl Agné. Que también tiene una gran oportunidad de darse a conocer en un club de mucha mayor repercusión que los hasta ahora entrenados por el técnico aragonés. Habrá que dajarle trabajar y darle el suficiente aire para que pueda tomar decisiones y volver a llevar al equipo a las primeras posiciones de la tabla.
Mención aparte merece el público de la Romareda: entregado, favorable, implicado y sustancial en los momentos más difíciles. Algo que es decisivo para fomentar la idea de conseguir, por fin, el ascenso aunque ahora parezca todavía complicado.
No es fácil asimilar que antes de cumplirse el primer cuarto de la Liga el proyecto del Real Zaragoza se haya consumido en una hoguera que parece inextinguible. No son solamente los números, que le condenan a un fracaso absoluto, sino también las sensaciones. Los aragoneses somos capaces de alcanzar las más heroicas gestas, pero también de derrumbarnos cuando las circunstancias nos superan y el destino nos devora. Tenemos derecho a ello. Es verdad que el fútbol no es importante y se trata de un simple entretenimiento, que la vida tiene otras miras y que no merece la pena venirse abajo por algo tan intrascendente. Pero no es menos cierto que se trata de una sensación colectiva que une, que significa estrechar lazos de esperanza e ilusión que nos ayudan a superar lo más complicado de nuestra existencia. Y que la gente tiene derecho a reír, llorar, sentir y compartir anhelos.
Es completamente injusto que la afición haya vuelto a recibir el bofetón de competir en inferioridad. Con una plantilla corta que hace todavía más limitada el entrenador y con falta de carácter en algunos de sus elementos. Siempre he dicho que el trabajo es muy importante con el talento, pero cuando éste falta, se hace imprescindible. Y sin esfuerzo, implicación, amor propio y personalidad, un equipo sin apenas capacidad de ejercer intangibles como la brillantez no puede llegar al éxito.
Es pronto para elevar a definitivas estas apreciaciones, pero no me planteo especular con el futuro sino examinar el presente. Y es insuficiente, vulgar o anodino. Pese a su formidable historia el club no está para actuar como si fuera el Barcelona, el Bayern de Múnich o el Manchester United. Los medios de comunicación apenas tenemos acceso al equipo, reduciendo a la mínima expresión el contacto con los jugadores y cuerpo técnico. Ocultos como sombras esquivas, es muy difícil hablar y enterarse de nada de lo que rodea a la plantilla. Y eso lo padece el aficionado, alejado de algo tan suyo que pierde su sentido cuando no tiene el apoyo de su hinchada por el alejamiento de sus futbolistas.
La frialdad de la Romareda después de la derrota contra el Elche debería abrir los ojos de los dirigentes del Real Zaragoza y que tomasen decisiones sobre su futuro. Es encomiable el esfuerzo por reducir la deuda y convertir en ejemplar administrativamente la entidad y tiene un mérito formidable. Si además se construyese un equipo competitivo con sangre en las venas y unos técnicos con entusiasmo, sería la leche. Pero es lo que hay y habrá que seguir animando la tristeza de quienes no son capaces de emerger del vacío y la zozobra. Por mi parte no quedará el apoyo y la mano tendida, siempre accesible a la ayuda y al consuelo, aunque en ocasiones sea inmerecido.
Y ahí estamos, a la expectativa de lo que pase en Valladolid y las decisiones que se tomen.

Hace ya varios días, incluso semanas, que no me asomo a este balcón de opinión. Tengo tantos frentes que cubrir y suceden tantas cosas que no llego a todo porque prefiero acudir a lo importante antes que a lo urgente. Pero me apetece entretenerme ante el teclado y reflexionar sobre los dos últimos encuentros disputados por el Real Zaragoza. Y me preocupa que se haya sacado pecho porque se puntúe ante el colista y se le reste importancia a sucumbir en Soria, un club de inferior potencial al blanquillo, de la manera que se hizo. O que Luis Milla diga que le sorprendió el estado de ánimo de sus jugadores en el vestuario después de empatar el Numancia en el último minuto de la primera parte. Cuando quedaban cuarenta y cinco minutos para seguir peleando para sumar la primera victoria fuera de casa de la temporada...

Me parece que es pronto para criticar indiscriminadamente a determinados jugadores de la plantilla, al entrenador o al director deportivo. Aunque al finalizar la temporada, si no se consiguen el ascenso, cada uno asuma sus responsabilidades. Pero la afición se pregunta por qué no tiene oportunidades Edu García, por qué se le exige tanto a Zapater, por qué se anula la capacidad creativa de Manu Lanzarote al colocarlo como asistente del lateral, por qué se le manda a la banda a Ángel o por qué no se recompone el centro del campo después de no haber funcionado en Tarragona ni en Soria.
Dos puntos de cuatro desplazamientos son muy pocos para asumir las posibilidades de ser candidato al ascenso. Y ceñir todas las expectativas a ganarlo todo en casa un error porque, además de ser imposible, no sería suficiente.
O sea que vamos a respirar todos tranquilos para aliviar penas y dolores, recuperar la calma y trabajar. Pero de verdad, asumiendo cada uno nuestras responsabilidades. Y sin escondernos en mensajes cruzados para confundir al zaragocismo. Que ya hace más que suficiente para crear un clima favorable para el equipo.
Está siendo un arranque de temporada con muchas expectativas, aciertos y fracasos, situaciones controvertidas y sorpresas de diferente interpretación. Salimos disgustados del "Anxo" Carro después de regalar dos puntos para seguir degustando el liderato; no se trata de añorar el liderazgo, solamente que el primer desplazamiento fue una contrariedad por las opciones que se desperdiciaron en tan solo media hora de partido. Pero el domingo acude el Huesca a la Romareda y no parece un adversario sencillo porque los precedentes, aunque son muy escasos, no son positivos recientemente. Y además, la semana que viene llegará la primera eliminatoria de Copa, a partido único, que tampoco ha sido muy gratificante las últimas temporadas. Ver arrastrarse a un equipo seis veces ganador de este galardón en once finales resulta triste y doloroso.

Y entre col y col, lechuga. La historia de Sergio Gil y su fichaje por el Lugo tras renovar con el Real Zaragoza después de un culebrón veraniego muy desagradable, es casi de chiste. Y ha movido las redes sociales estos últimos días más aún que las dos llegadas al equipo aragonés que no han sido, ni mucho menos, espectaculares. Desconozco la realidad del andaluz Juan Muñoz y lo que puede aportar al equipo, espero que mucho más que Dongou cuando llegó como aportación necesaria al tipo de juego que deseaba implantar Lluis Carreras. Tampoco sé cómo llegará Frank Bagnack y lo que traerá otro joven futbolista procedente de la Masía, ahora en desuso para el Barcelona después de la llegada de Luis Enrique. Espero verles sobre el terreno de juego para ofrecer mi opinión sobre ellos y no adelantar acontecimientos sin conocimiento de causa porque siempre es injusto.
Todos tenemos prisa por conseguir el ascenso y posiblemente la plantilla no tenga el potencial esperado, el que hacía suspirar a la afición con la llegada de Cani y Zapater. La prudencia recomienda ir paso a paso, con mucha calma y apelando a la experiencia, que ya es importante para el Real Zaragoza en Segunda División. Un pozo del que parece imposible salir y que cada año es más profundo y con menos interés mediático, vulgarizando a una institución que fue un punto de referencia antaño y que ahora intenta regenerarse.
Mientras tanto, el domingo la vieja Romareda recibe un adversario peligroso en un llamado derbi que no lo es tal, porque los enfrentamientos son ocasionales y espero que accidentales de cara al futuro inmediato. Pero da la impresión que el equipo oscense es difícil de batir, sabe lo que tiene entre manos y va a resultar incómodo si los maños se vienen abajo a la hora de juego, que es algo que ha ocurrido durante la pretemporada y el arranque de competición. Y si Irureta mantiene su ansiedad, los laterales muestras su versión más vulnerable o son capaces en el centro del campo azulgrana de aburrir a Cani hasta hacerlo desaparecer.
En fin, amigos, que después del Huesca llegará la Copa con el Valladolid y enseguida el desplazamiento a Valencia para regresar al campo del Levante. Mucho trajín en un odioso mes de septiembre que siempre se venga de las vacaciones y hace más duro el regreso.
Era muy importante comenzar bien la temporada después de unas semanas de luces y sombras, con la absoluta convicción de la necesidad de un goleador y después del traspaso de Diego Rico. Que el primer partido se disputase un lunes a las ocho de la tarde mediado el mes de agosto y el adversario fuera un recién ascendido proporcionaban escasos alicientes a los seguidores zaragocistas. Pero la afición respondió y la Romareda presentó un interesante aspecto con una implicación absoluta del graderío. Que disfrutó durante la primera parte con tres goles, un juego entretenido y la impresión de estar trabajado el equipo.
Si la gente está satisfecha y los jugadores se liberan de los nervios al cumplir con el objetivo es mucho más fácil llegar al final con éxito. La goleada pudo ser mayor después de un disparo de Buenacasa que rechazó el meta murciano y con un espectacular saque de esquina botado por Cani y rematado al larguero por Manu Lanzarote. Fue una lástima el penalti postrero cometido por Irureta y que significó el tanto del honor del UCAM superados los noventa minutos de juego.
Es verdad que el adversario se manifestó demasiado inocente, sin aspecto de haberle tomado el pulso a la competición y que demostró su condición de debutante en la categoría. Apenas creó problemas en el plano ofensivo y fue un adversario sencillo en líneas generales. Pero todos los rivales son potencialmente peligrosos y consiste en terminar ganando el partido, circunstancia que hacía mucho tiempo no ocurría en el arranque de la Liga.
Me gustó la sobriedad de Marcelo Silva, el ímpetu de Zapater, el talento de Cani, la calidad de Manu Lanzarote y que Ángel marcase dos tantos y diera el tercero. La confianza de un delantero llega con los goles y el trabajo del futbolista canario está llamado a ser un hombre importante en el equipo al margen que se necesite otro punta de diferentes condiciones para asegurar un número suficiente de goles de cara al ascenso. Falta todavía que hombres como Erik Morán, Javi Ros o Barrera encuentren su puesto en el equipo y trabajar los diferentes movimientos propuestos por Luis Milla para que el equipo se ofrezca más sólido y sin fisuras.
Es muy pronto para valorar las expectativas del Real Zaragoza y no deben de lanzarse las campanas al vuelo, pero da la impresión que se camina por la buena senda y que solamente con trabajo, humildad y paciencia, se podrá luchar por el ascenso. Que será muy difícil y a veces nos parecerá demasiado lejos. No obstante hay que disfrutar con las victorias y saber asimilarlas con tranquilidad y perspectiva.
Queda solamente el test del sábado en la Romareda frente al Éibar, adversario de Primera División en un cambio de tornas con respecto a una década que entonces jamás hubiéramos imaginado. Seguimos dentro de una pesadilla que nos pone los pelos de punta y cuyo final no está claro todavía. A poco más de una semana del comienzo de la Liga las dudas se mantienen pese a la confianza que se tiene en Luis Milla y el lavado de cara que se ha producido en la plantilla, además de la llegada de Cani y Zapater que ha devuelto la sonrisa a la afición zaragocista.
Pero somos conscientes de la debilidad en el ataque con solamente un punta y cuya capacidad ofensiva, al margen del gran trabajo para el conjunto del equipo que Ángel realiza, es muy escaso. Ilusiona Pombo y se le ven maneras a Buenacasa, pero con la lesión de un anodino Dongou se necesitan dos puntas eficaces y muy diferentes a lo que ahora se tiene.
Los encuentros disputados frente al Nástic y al Deportivo Alavés demostraron que el equipo está mucho más trabajado que con Carreras o Popovic y que defensivamente ha crecido con Irureta, que puede ser un elemento muy valioso para la seguridad defensiva del equipo. Arriba se fortalece la creación con Manu Lanzarote, con experiencia y liderazgo demostrados.
Se tendrá que empezar con victoria, para no regalar los puntos que más tarde se han visto que eran fundamentales para luchar por la promoción. Hacer del estadio municipal de la Romareda un lugar donde no se pierdan tantos puntos como en las últimas temporadas, haciendo cómodo un escenario que continúa en la conciencia colectiva del fútbol español como inaccesible y complicado, aunque no sea cierto.
Esta nueva temporada se ha comenzado con un director deportivo asentado y que cuenta con la confianza del consejo de administración; lo mismo ocurre con el entrenador y el equipo técnico. Existe un componente emocional que jugadores que han regresado y que llevan el escudo del Real Zaragoza marcado a fuego en su corazón y por lo menos hay ocho titulares en la formación titular. Ahora hay que apelar al trabajo de ensamblaje del equipo, a la responsabilidad, a la entrega y a los resultados. También al acierto de los fichajes que faltan y deberán de llegar antes del cierre del mercado de verano, Y a seguir sufriendo, caminando jornada a jornada con rivales más difíciles que en campañas anteriores en una temporada donde no se puede fallar y se debe conseguir el objetivo del ascenso.

La confianza depositada por el consejo de administración en Narciso Juliá es una buena noticia porque significa que se da continuidad a un proyecto más allá de los resultados obtenidos la temporada recién concluida. Y el director deportivo ha elegido entrenador dentro de las dificultades que se tenían para encontrar el responsable del banquillo zaragocista. Es cierto que apenas tiene experiencia en Segunda División y esta era una de las características que se buscaban en el técnico, pero también es verdad que la trayectoria de Paco Herrera en este sentido era formidable y no fue capaz de soportar la voracidad del club.
Luis Milla es un entrenador emergente, seguidor de las enseñanzas del tristemente fallecido Johan Cruyff y con una trayectopria de cinco años al frente de las selecciones inferiores de la Federación española de Fútbol, donde llegó a ser campeón de Europa sub 21.
Dicen en Lugo que no llegó a triunfar en el equipo gallego porque era demasiado conservador en su campo y perdió muchos puntos, los que conseguía fuera en la mejor racha del conjunto lucense en toda su historia. El peso de un excelente técnico como Quique Setién fue demasiado para un Luis Milla que no compartía algunos criterios con una dividida junta directiva y que prefirió marcharse del "Anxo" Carro. El turolense es ahora el entrenador del Real Zaragoza y hay que recibirle con los brazos abiertos y darle, por lo menos, el beneficio de la duda. Representa una actitud responsable y discreta sobre el terreno de juego que defendió en el Barcelona, Real Madrid y Valencia, incluso en la selección española. Sabe lo que es la presión mediática y la competencia, es conocido y reconocido en el mundo balompédico español y tiene unos tremendos deseos de triunfar en los banquillos. Y el Real Zaragoza, pese a continuar en Segunda División, tiene su peso en la historia y un recuerdo muy agradable en la memoria futbolística de nuestro país. Luis Milla se juega mucho y apostará fuerte por no fracasar, conociendo la tremenda dificultad que supone el ascenso y las limitaciones económicas que tiene el club.
Sería muy positivo dejar trabajar a Luis Milla, ofrecerle una acogida favorable y apostar por él. Vamos a intentar cambiar entre todos la tendencia de devorar entrenadores creando un clima que nos aleje de la provisionalidad de los últimos años. El fútbol, como la vida, está trufado de emociones y sentimientos además de trabajo y fortuna. Puede haber llegado el momento de cambiar nuestro destino, merece la pena estar preparado también para las cosas positivas que nos puedan ocurrir. Que ya es hora.
Pasan las horas y cada vez son peores los momentos que llegan, casi a cámara lenta, después del vergonzoso espectáculo de Palamós. Jamás me había tocado transmitir una agonía similar y una decepción tan profunda con tantas expectativas puestas en el ascenso. La actitud de los jugadores, plana desde el comienzo del partido, sin capacidad de reacción y con un final tan indigno como humillante, refleja la realidad de un equipo sin alma. Pero insisto, si agónico fue transmitirlo mientras sucedía, el tiempo agrava mucho más las sensaciones y las expectativas.
Termina una ilusión y comienza un nuevo calvario. Otro más. Superado el nivel de sufrimiento de miles de personas que ya no saben qué va a ocurrir. Y parece injusto completamente para una afición que se ha desplazado en todos los encuentros lejos de la Romareda y que ha mantenido la tensión hasta el final. Era patético observar a los jugadores a veinte metros de la grada ocupada por los blanquillos, flanqueados por su entrenador, sin acercarse y con signos equívocos de fracaso, el que ellos mismos se han ganado con su falta de intensidad, implicación y carácter.
El hundimiento ha sido completo y colosal, sin ningún tipo de excusas ni paliativos. Un desastre absoluto. Cuyas secuelas van a ser gravísimas en el plano económico porque el Real Zaragoza pasará a la cola de posibilidades presupuestarias con una cantidad muy inferior a una docena de clubes: los que acaban de bajar y los que se van a rearmar para conseguir el ascenso y que se hayan quedado a las puertas. Sin olvidar lo que se debe de pagar por futbolistas que no van a seguir, el regreso de los cedidos y el montón de jugadores que tienen contrato en vigor.
Y a todo esto, los cinco millones que se deben de pagar ineludiblemente a Hacienda y a los acreedores. En estos momentos el escenario es terrible y augura una temporada muy complicada y donde no se ostentará la candidatura al ascenso.
Pero, una vez explicado cómo se encuentra el club y su entorno más cercano, el zaragocismo y lo que representa, consiste en luchar. Sumar entre todos, cada uno en la medida de sus posibilidades. Aprender de los errores e insistir de manera contumaz. El premio es formidable y cuanto más cueste, más celebrado. No me cabe en la cabeza que a estas alturas vayamos a rendirnos, a dejarnos morir sin luchar. No sería propio de nuestra forma de ser y pensar. O sea que, manos a la obra y a empezar a trabajar, que hay faena.
La afición del Real Zaragoza volvió a sufrir el domingo otra jornada de dramatismo hasta el final. De nuevo se hizo demasiado largo el partido y en especial los últimos minutos, donde parecía que en cualquier momento el Oviedo iba a empatar. Un gol afortunado en la primera parte le dio ventaja al equipo aragonés que salió completamente atemorizado al terreno de juego. Dos errores defensivos favorecieron que Koné le pusiera un toque de histeria al partido que hacía presagiar lo peor para un equipo que se mostraba plano y superado por las circunstancias.
Pero lo más desagradable llegó, como siempre, en la segunda parte. Todos atrás, a defender en tu propio estadio una ventaja mínima mientras David Generelo iba sacando delanteros para empujar al Real Zaragoza dentro de su portería. Y allí estaban todos, colgados por los dientes del larguero mientras Manu Herrera se crecía y jugaba uno de sus mejores partidos. Hubo fortuna y el empate no llegó, incluso en el intercambio de golpes el equipo aragonés pudo haber marcado el segundo tanto porque, ocasiones, hubo también para los blanquillos.
La pitada a Carreras con la salida de Rubén fue memorable, volviéndose la afición al palco para protestar la actitud del entrenador. El defensa no tenía ninguna culpa, incluso cumplió sobradamente, pero fue la manera de proceder del técnico renunciando a jugar al fútbol, lo que molestó a la grada. Está claro que no existe una corriente de simpatía entre gran parte de la afición y el técnico catalán, que no ha sabido granjearse la confianza con el zaragocismo.
Pero siendo realistas ahora lo único importante es ganar, llegar a los play off y superarlos, consiguiendo el ascenso. A falta de un partido para clasificarnos hay que dejar a un lado las discrepancias y unir voluntades. Las de todos. Y más tarde, con el objetivo alcanzado, que el club decida quién será el entrenador del Real Zaragoza en Primera División.
Ahora queda lo más difícil; por eso mismo consiste en crear un ambiente favorable y que se ascienda de una vez para mirar el futuro con claridad y optimismo.
Se tenía que ganar en la Romareda y se perdió ante el Nástic. Otra vez una decisión arbitral fue responsable de sufrir un penalti que no era, de encajar un gol a siete minutos del final y de no poder empatar por el numerito que montó el portero del Nástic. Luego viene el Comité y esta vez -las pruebas eran irrefutables- le quita la tarjeta a Guitián. Pero, ¿qué pasa con los tres puntos en juego? Aunque es verdad que el partido parecía que iba a terminar con empate, el Real Zaragoza hubiera sumado uno y el Nástic otro, no tres como resultó finalmente.
Ahora queda luchar con inteligencia y calma en el partido contra la SD Huesca. Un choque lleno de intensidad, emoción y expectación donde el equipo de Anquela pugnará por el triunfo, como no podría ser de otra manera. Se trata de un partido de máxima rivalidad y resulta evidente que en el Alcoraz se produzca un ambiente favorable a los locales, que también necesitan sumar para conseguir la tranquilidad de la permanencia.
Pero habrá que actuar sin recelos, asumiendo los errores arbitrales si se producen y teniendo en cuenta que la salida del Huesca será en tromba apoyados por su público y con deseos de marcar pronto. Por eso tendrán que hacer un acopio de paciencia y, al mismo tiempo, demostrar que quien más necesidad tiene de vencer es el Real Zaragoza.
Es una buena noticia que haya sido llamado Jaime para completar la convocatoria, porque es necesario un futbolista desequilibrante y con recursos ofensivos sobradamente demostrados. Aunque se corra el riesgo de una lesión muscular, que sería probable por la inactividad después de su grave lesión.
Y después, sin tiempo para recuperarnos, otra vez a la Romareda para recibir al Real Oviedo, un rival directo. Vamos, que se trata de una semana de emociones enfrentadas que nos pueden llevar al éxito, a la esperanza o a la frustración más absoluta.
Intentemos tranquilizarnos, afrontar con ilusión y convicción lo que se nos viene encima y sobre todo, ganar. Que en el fútbol, es lo único importante.
Otro partido más sin ganar en Soria. Dos puntos que vuelan y que complican el ascenso directo del Real Zaragoza. Es difícil explicar cómo se puede perder un encuentro cuando te has puesto 0-2 mediada la primera parte con dos goles prácticamente consecutivos. Pero ocurrieron tres cosas que, para mí, fueron determinantes: la actuación arbitral de López Amaya, la falta de intensidad en el arranque de la segunda parte y no acertar en el remate.
En cuanto al colegiado, la expulsión de Albert Dorca resulta inconcebible. No fue falta la jugada con la que fue sancionado con tarjeta amarilla y el balón le dio involuntariamente en la mano. Es falta pero nunca cartulina de amonestación. Pero, además, como dijo Ángel, lo peor no fueron sus decisiones sino su actitud con los jugadores blanquillos.
Con respecto al bajón del comienzo de la segunda mitad, está claro que es un clásico en este Real Zaragoza. Todo el mundo atrás, dejando el centro del campo al adversario y permitiendo todo tipo de centros desde las bandas. Tarde o temprano el gol tenía que llegar y el empate subió inevitablemente al marcador.
Además, con el empate en contra, el equipo tuvo tres claras ocasiones de conseguir el tercer tanto. Pero se fallaron delante del marco numantino y ese tipo de errores se pagan, y más en estos partidos clave para el objetivo del ascenso. Es decir que, tampoco este año el Real Zaragoza ha conseguido la victoria en Los Pajaritos.
Mención aparte merece la afición zaragocista que fue mayoría en las gradas de Los Pajaritos. Los cánticos, la presión contra el colegiado, el ánimo a los futbolistas, tuvo el protagonismo de quienes se desplazaron a Soria. Con una afición así, es imposible no conseguir las metas propuestas.
También agradezco muy sinceramente las muestras de cariño de centenares de oyentes que se acercaron a la unidad móvil de Aragón Radio y se fotografiaron con nosotros frente al estadio. Fue una sensación muy agradable que alivia, en gran medida, la decepción por el empate en la capital castellana.
Ni fue el mejor partido, ni se esperaba que lo fuera. Había que ganarlo y a ser posible sin demasiados sobresaltos. Es verdad que el último cuarto de hora fue tranquilo gracias al segundo tanto del Real Zaragoza, pero el arranque de la segunda parte fue complicado y daba la impresión que el equipo se venía abajo. Por lo menos, que entregaba las llaves del partido a los filiales del Athletic y que se iba a limitar a dejar pasar el tiempo. Me daba la impresión que se jugaba con seis en defensa, como en algunos partidos con Ranko Popovic, integrado Erik Morán entre los dos centrales. Menos mal que Diamanka ofreció su tercera perla de las tres últimas semanas y consiguió el 2-0 con el que firmaba el triunfo el equipo aragonés.

Los años me han enseñado a ser prudente, comprensivo, dialogante y abierto a todas las opiniones aunque no las comparta. Pero la mayoría de las veces no veo el mismo partido que Lluis Carreras; admito que sabe mucho más que yo de fútbol porque fue jugador de Primera División y tiene los títulos de entrenador nacional y director deportivo, pero el fútbol es también estética y sensaciones. El partido me pareció muy poco brillante, sin liderazgo sobre el terreno de juego, con demasiados errores defensivos, sin capacidad creativa en el centro del campo y con demasiadas dudas en algunos futbolistas. Se ganó y punto, eso es incontestable, pero la Romareda llegó a impacientarse especialmente en el comienzo de la segunda parte.
Aunque el Bilbao Athletic tiene jugadores de calidad, con descaro y tocan bien el balón, no tiene cuajo para enfrentarse en una liga tan dura al resto de sus adversarios. Y eso lo dice claramente la clasificación: colistas y virtualmente descendidos con treinta y un puntos menos que el Real Zaragoza, los menos goleadores y los segundos más goleados. La regularidad de una liga es inapelable.
Estoy satisfecho por los puntos, ilusionado con el ascenso pero tengo muchas dudas sobre si el equipo aguantará físicamente estas últimas cinco finales y especialmente los partidos contra el Oviedo y el Nástic en la Romareda. Y tengo derecho a ello aunque se enfade el entrenador del Real Zaragoza porque no crea en su evangelio ni en cómo lo predica, valorando sus conocimientos y esperando el ascenso de categoría.
O sea que, tres puntos a la saca y a sumar otros tres en Los Pajaritos con más de dos mil seguidores blanquillos en las amables gradas sorianas.
Siento ser poco positivo al comentar las sensaciones que me ha producido el partido en el Toralín. Escribo estas reflexiones en el coche, de camino a Sahagún donde pasaremos la noche antes de volver a emprender el camino de vuelta a Zaragoza. Me ha decepcionado la actitud del equipo en un partido que se debía de haber ganado y que solamente ha significado un punto, totalmente insuficiente a estas alturas de la lucha por el ascenso. Falta de intensidad, de convicción, de implicación en un encuentro que jamás mereció ganar el equipo de Lluis Carreras. Ante un adversario desesperado y muy inferior, que en la segunda parte doblegó a los blanquillos por mera supervivencia.
El ténico ni planteó el partido para ganar ni mejoró con los cambios. Situar a Sergio Gil tirado a la banda y mantener durante tanto tiempo a Pedro sobre el terreno de juego fue un error. Carcelén hizo un partido muy flojo y Rico falló en el tanto de la Ponferradina con una defensa débil y un centro del campo timorato y sin criterio.
Acudir al Toralín de esta guisa dice muy poco de un equipo al que le debemos exigir mucho más porque se juega la vida con el ascenso a Primera y digo yo que será mucho mejor conseguirlo en la liga regular que en la lotería de la promoción.
Siento no ser condescendiente ni proclive a una crítica menos dura pero no creo que este sea el camino para cimentar el regreso a la élite. Al margen de una actuación arbitral irregular y contraria a los intereses del Real Zaragoza, con un posible penalti a Dongou y el gol fantasma de Jorge Ortí en el lanzamiento de una falta al fin al del partido. Excusas de mal pagador...
Ahora toca trabajar, preparar el partido ante el filial del Athletic y ganar. Que es una obligación con mayúsculas al margen de los requiebros de un entrenador al que habrá que recordarle su responsabilidad en el vestuario, en el banquillo y ante los medios de comunicación en la sala de prensa. Que a quien responde no es solamente a nosotros, sino a la afición soberana del Real Zaragoza.
Tercera victoria consecutiva y esta vez con todas las de la ley. El Real Zaragoza sumó tres puntos ante la Agrupación Deportiva Alcorcón disputando quizás la mejor primera parte de la temporada en la Romareda. Pese a recibir un gol en contra a los diez minutos de partido daba la impresión que esa situación adversa se iba a corregir a medida que el tiempo transcurría. Se jugó con fluidez, con deseos de crear fútbol ofensivo y provocando ocasiones de gol. Los dos tantos, el primero de un formidable Javi Ros, y el que ponía por delante al equipo aragonés en el marcador, rematado por un espectacular Dongou, le dieron la vuelta al resultado y expresaron los deseos de victoria locales.
Incluso en la segunda parte, cuando descendió el rendimiento por los cambios obligados y el rival se estiró para intentar acercarse a la meta de Manu Herrera, tampoco demostró nada el conjunto madrileño que fue inferior pese a la sensación de falso peligro que parecían crear. Más psicológico que real, porque no tuvieron claras ocasiones de gol. Es posible que la entrada de Abraham Minero facilitase las aproximaciones del revoltoso Collantes, al perder eficacia por la banda izquierda. Rico le había marcado de manera contundente y con el cambio se perdió contundencia, pero nada alarmante más allá de la costumbre que tenemos de remontar y sufrir como perros hasta el final. Algo que no ocurrió en el tiempo de aumento gracias al 3-1 marcado otra vez por el joven delantero camerunés después de una genialidad de Diamanka, dejando pasar el balón entre sus piernas.
Pero si hay que destacar a Dongou, es de justicia hacerlo también con Erik Morán, cuyo regreso le dio seguridad, criterio y contundencia al centro del campo. Albert Dorca se encontró mucho más a gusto y Javi Ros emergió como un centrocampista de raza capaz de recorrer un montón de kilómetros, cortar los escasos ataques alfareros y apoyar el ataque cuando se producía. Es una excelente noticia que haya recuperado su tono físico el exmallorquinista y que llegue de esta manera al tramo final de la liga.
Es cierto que las ausencias de Culio, Dorca, Lanzarote y posiblemente Vallejo, resten potencial y posibilidades a los blanquillos en Ponferrada. Porque los bercianos se juegan la permanencia y saben que la visita del Real Zaragoza es una de las últimas posibilidades que tienen seguir en Segunda si consiguen el triunfo. Es decir que no hay que fiarse, que el partido es muy complicado y que nadie nos va a regalar nada en el Toralín.
Es lo único que vale. Consiste en sumar los tres puntos sea como sea el desarrollo del partido y de los merecimientos de los contendientes. No me parece que en estos momentos el Valladolid sea superior que el Real Zaragoza, ni tampoco que el equipo de Lluis Carreras mejorase con respecto a los dos partidos anteriores. Y los equipos que están por encima siguen tropezando, como es el caso de Leganés y Deportivo Alavés, que perdieron ante adversarios que les pisan los talones. El nivel de igualdad de la Segunda División esta temporada es estremecedor y parece que nadie quiere distanciarse. De hecho, dos victorias consecutivas del Real Zaragoza por los pelos y con mucho sufrimiento, han supuesto que los maños tengan otra vez a tiro de piedra la primera plaza.
El encuentro en Valladolid no fue especialmente brillante y se volvió a padecer demasiado. En esta oportunidad se aprovecharon de manera espectacular las dos ocasiones de gol que se crearon y, aunque no se dejó la portería cero, el balance fue positivo para los blanquillos. Es posible que nuestro punto de vista esté contaminado y nos parezca peor lo que vemos de lo que realmente es, sobre todo comparándolo con lo que nos rodea. Porque la afición de Pucela recibió con gritos de "mercenarios" y otras lindezas menos reproducibles a los jugadores a su llegada al estadio y muchos espectadores se marcharon antes de terminar el encuentro, sabedores de la impotencia de su equipo para ganar.
Debemos aprovechar esta oportunidad para llegar al final con las suficientes opciones de éxito para el ascenso directo, por el que se debe luchar con todas las fuerzas. Con bajas o sin ellas, con problemas físicos o estados de ansiedad individuales o colectivos. Tres partidos consecutivos ganando, es decir, los del Mallorca y Valladolid y el de la Agrupación Deportiva Alcorcón el domingo, pesarían mucho en la moral de nuestro entorno y supondría un aliciente impagable para nuestros jugadores.
Por eso hay que seguir trabajando con espíritu constructivo, asumiendo que no se juega bien y que el nivel de mejora es muy amplio. Pero que la oportunidad es de oro y, en consecuencia, que no se debe desaprovechar. No consiste en refugiarse en estas victorias para negar que se juega de manera intermitente y que siempre estamos en un suspiro. Todo lo contrario, la realidad es la que es, de la misma forma que los triunfos nos han colocado en el apretado y amplio grupo de cabeza. Ahora consiste en seguir, pase lo que pase, y ser mejores que los demás.
Cada vez estoy más convencido, y soy un ardiente defensor de este postulado, que en el deporte profesional lo único importante es ganar. Y da lo mismos la manera que se consiga, siempre que se observen las normas de la deportividad y el juego limpio. El domingo al mediodía, con una mañana destemplada donde el cielo estaba cubierto, soplaba el cierzo y llovió durante unos minutos, el horno no estaba para bollos. La Romareda calló cuando el Mallorca obtuvo el 0-1 a los diez minutos de juego.
Otra vez el Real Zaragoza debía remontar un resultado adverso que le dejaba prácticamente fuera de la lucha por el ascenso. Sin dominio del balón, sin aproximaciones al marco adversario, con una debilidad táctica que se está convirtiendo en una forma habitual de jugar, el equipo se deshacía. Afortunadamente, en un arrebato de amor propio y tras el lanzamiento mágico de Manu Lanzarote, Albert Dorca emergía con el tanto del empate antes de llegar al descanso.
Creo que el partido lo perdió el Mallorca, que hasta la expulsión de Aveldaño se había mostrado como un conjunto fuerte, que sabía jugarle al Real Zaragoza y muy bien colocado sobre el terreno de juego. Adrián Colunga nos volvía locos y afortunadamente Alfredo Ortuño no ha cambiado de un día para otro y no tiene una capacidad goleadora letal, aunque estuviera muy motivado y con ganas de perforar la meta de Manu Herrera. Nerviosos por las expulsiones, la del jugador que se encontraba sobre el terreno de juego y dos del banquillo, el propio Fernando Vázquez perdió los papeles y transmitió su rabia a los jugadores, que dejaron de jugar de memoria.
Y otra vez Dorca, esta vez como si de un delantero centro de tratase, puso la rúbrica a su mejor actuación desde que viste la camiseta blanquilla con el doblete. El 2-1 a once minutos del final rompió el partido y el equipo aragonés se replegó para defender el marcador. Un error que aprovechó el conjunto balear para intentar llevarse el empate y a punto estuvo de conseguirlo en los cuatro minutos de prolongación. La fortuna nos echó una mano y el cabezazo de Arana en el área pequeña salió por encima del larguero.
A partir de ahora habrá que hacer más cosas que dejarnos arrastrar por la suerte y ofrecer lo mejor de nosotros mismos pese a las lesiones, la cantidad de amenazas de sanción por acumulación de amonestaciones y el bajón general del equipo. La estela hay que aprovecharla con valentía y entusiasmo porque el objetivo vuelve a estar a nuestro alcance.
Tenía previsto inaugurar mi nueva cuenta de twitter, que será fundamentalmente audiovisual, con la victoria del Real Zaragoza ayer en la Romareda. He retrasado el arranque de @OrtizRemachaTV porque da mala suerte comenzar cualquier proyecto con una derrota y porque no me apetecía nada ofrecer mi imagen después de un partido tan decepcionante para contar malas noticias. Resulta que hemos vuelto a fallar en el momento menos conveniente y cuando, eso sí, muchos pensábamos que pronto se iba a recibir un resultado adverso después de jugar tanto tiempo con fuego. Pero, si les soy sincero, no pensaba que se fuera a producir de la manera tan contundente que el destino nos reservó contra el Girona. Porque la derrota fue merecida e incontestable y fallaron todos los elementos de la plantilla y el cuerpo técnico a la hora de plantear, desarrollar y buscar soluciones, antes y durante el partido.
Lluis Carreras tuvo que elegir entre Dorca, Tarsi y un cambio de sistema. Y aunque pienso que el futbolista catalán no fue el culpable de la derrota, su presencia favoreció el juego del equipo gerundense. Con Culio lento y anulada su capacidad creativa, Javi Ros sin la fuerza de otros partidos, Pedro trabajando más en tapar huecos que en crear ocasiones de gol e Hinestroza a su puta bola, Ángel volvió a enfrentarse con el mundo reventándose de correr y asqueado por no tocar apenas el balón. Si a esto añadimos la falta de talento de Cabrera al buscar involuntariamente su expulsión con sus desmedidas entradas, las dudas de Guitián y la irregularidad de Campins, tendremos casi completo el marco del fracaso. El técnico no planteó bien el partido, o le ganó la partida Pablo Machín desde el banquillo oponente, y luego apenas pudo hacer nada para remediar el desastre con el 0-2.
El revolcón fue formidable y el equipo se descosió por todos los sitios ofreciendo una imagen de incapacidad que debe ser restaurada inmediatamente. Es decir, en Elche. A veces ocurre que es mejor tropezar soberanamente que ir trastabillando sin terminar de caer pero terminando finalmente en el suelo. No me gusta la actitud de Carreras contra algunos periodistas en las ruedas de prensa, porque matar al mensajero no es la solución de nada y a la postre le perjudicará a él y al club si las cosas se tuercen definitivamente; vamos, si no se asciende. Pero tenía razón, en mi opinión, cuando decía que en estos momentos es cuando más debe creer el equipo en el ascenso. Y esto lo digo yo: demostrarlo cuanto antes y con la misma rotundidad que el Girona el domingo en el coliseo zaragocista.
No hay batallas sencillas ni victorias sin esfuerzo. Y así debe ser porque la historia se escribe con las decisiones que se toman, con las equivocaciones que se cometen y con los aciertos que nos ayudan a superar las crisis. Puede parecer que la fortuna sonrió al Real Zaragoza el sábado en la Romareda por cómo llegó la victoria. Es cierto que si resumimos el partido en que se ganó con un gol en propia puerta en el cuarto minuto de los cinco de ampliación, puede parecer que la suerte jugó un papel fundamental en un triunfo agónico. Pero el tiempo de prolongación era el correcto por los parones sufridos el último cuarto de hora de la segunda parte y el tanto fue buscado con insistencia por el equipo aragonés que no perdió la fe en ningún momento.

Era un partido "trampa" porque lo único que valía era ganar y el adversario estaba en posición de descenso además de ofrecer una escasísima renta favorable fuera del Carlos Belmonte. Pero la mayoría sabíamos que las dificultades eran muy grandes. La necesidad estimula a quienes tienen muy poco que perder, el vértigo de asomarse por primera vez en mucho tiempo a la zona de promoción puede provocar dudas y las bajas del equipo eran más importantes de lo esperado. Cabrera fue el tercero en caer y su ausencia se notó en el contexto general del partido, además del liderazgo que ejerce Culio y el enorme trabajo de Javi Ros en el centro del campo.
Los jugadores salieron destemplados al terreno de juego, algo desorientados por la agresividad del Albacete y sin timonel que les guiase. Era difícil jugar, hacía frío y en las gradas no se terminaba de ver una victoria que parecía no llegar nunca. Los cambios en la segunda parte tampoco daban la impresión de mejorar ni el juego ni las posibilidades de doblegar a los manchegos. Pero faltaba solamente que la fe, la convicción, la reacción de los blanquillos, llegase a través de la Romareda. Del ánimo y la confianza de un público que cada vez, a medida que el tiempo se agotaba, animaba con más fuerza y entusiasmo. Y aunque el tiempo se había cumplido, todos sabíamos que el gol iba a llegar. Y se produjo al volcarse todos en la idea de la victoria, con cánticos en las gradas, energía positiva que corría arriba y abajo emanada de una seguridad que se va convirtiendo en inquebrantable.
Todos rematamos junto a Sergio Gil, que no supo hasta después del partido que el tanto lo había marcado involuntariamente Pulido. Pero el balón entró impulsado por el ánimo de mucha gente, allí en el viejo estadio municipal, en las casas de quienes lo veían a través de la televisión y a aquellos que les contaba desde el micrófono que aferraba con tanta fuerza que casi lo quiebro, a los oyentes que me escuchaban desde los cinco continentes a través de internet. Fue un gol cantado de manera espontánea, deseada, esperada...
Disfruté como hacía tiempo. No era un tanto hermoso, ni que nos otorgase todavía el ascenso, o un título. Pero es el gol que abre la puerta al regreso a Primera División, que cada vez está más cerca. Casi al alcance de la mano. Con sufrimiento sabe mejor, es cierto, pero de vez en cuando estaría bien que se ganase con menos agobios.
Una vez superado el tramo más complicado del calendario, el Real Zaragoza camina con paso firme hacia el ascenso. Posiblemente de una manera más lenta de la deseada pero con la convicción de que cada jornada que pasa, más cerca se está del objetivo final. Ganar en Córdoba y puntuar en Pamplona y Vitoria no es sencillo y menos de manera consecutiva. Como derrotar al Leganés y al Lugo en la Romareda, donde tantos problemas ha tenido el equipo desde el comienzo de la Liga. Por eso las expectativas son muy positivas en la forma y en el fondo, porque además de conseguir buenos resultados las sensaciones indican que se camina por el sendero adecuado.
Existe un plan, los jugadores han hecho suyas las ideas del entrenador y desde la dirección deportiva Juliá sigue trabajando sin prisa, pero sin pausa. Mantener esta corriente, superar las adversidades en clave de sancionados, lesionados o errores arbitrales, es lo que debe hacer el equipo. Sin mirar más allá del próximo encuentro ni hacer cábalas sobre marzo, abril o mayo. Se trata de buscar el próximo triunfo, explotar al máximo las emociones favorables y estar convencidos de lo que se está haciendo. El domingo se pudo ganar en Mendizorroza porque la propuesta deportiva del Real Zaragoza fue mejor que la del Deportivo Alavés. Incluso con un futbolista menos durante cincuenta minutos en en escenario nada fácil por la intensidad de los futbolistas de Pepe Bordalás. No hubo pánico a medida que el tiempo iba pasando y el conjunto vasco intentaba encerrar a los maños en su campo. Se buscaba salir siempre con el balón controlado y mirar siempre al área contraria, con un plan diseñado para puntuar si no se podía ganar.
La corriente positiva que emana de la propia plantilla, sin pecar de un optimismo exagerado, también anida en la afición blanquilla. Lo comprobé en la afición zaragocista que se trasladó a Vitoria, en las personas con las que he conversado por la calle y a través de las redes sociales. Y esa actitud confiere seguridad en la plantilla y el cuerpo técnico, que tendrá que resolver las bajas de Javi Ros y de Culio para el encuentro del sábado en la Romareda. Y no despreciar en absoluto al Albacete, en posición de descenso y con tan solo una victoria fuera del Carlos Belmonte en su haber. Vendrán con la necesidad de ganar y ese ímpetu puede complicarle las cosas al Real Zaragoza si sale distraído o confiado.
Estamos en el buen camino, fuera todavía de los puestos de promoción y lejos del líder. Pero con una inercia positiva como no habíamos tenido hasta el momento. Incluso cuando se viajó en junio del año pasado a Las Palmas con un marcador favorable de 3-1.
El próximo domingo 28 de febrero cumplo cuarenta años al otro lado del micrófono. Cuatro décadas que han pasado como un suspiro, con una rapidez extraordinaria, aunque los últimos años hayan sido crueles después de una agitada época en el Real Zaragoza donde parecía que todo terminaba. Llegué a la radio antes de ponerme delante de un micrófono en un estudio maravilloso lleno de buena gente, porque nací en ella y estaba destinado a formar parte de ese milagro de las ondas sin tener capacidad de decisión. Escuchaba sin saberlo junto a mi madre "El Quinto Programa", una emisión de madrugada que desde los estudios de Casablanca, al lado de la antena de Radio Zaragoza, realizaba mi padre para todo el mundo en Onda Media porque no había radio a esas horas y los 20 kilovatios de potencia llegaban a sitios inverosímiles, de donde le enviaban postales los oyentes muy lejos de Zaragoza. Y cuando él regresaba tenía que subirme al tranvía para poder conciliar el sueño...
Recuerdo que mis primeras palabras por la radio fueron en un espacio dedicado a la seguridad vial donde tenía que decir algo así como: "Y mi papá y mi mamá, ¿dónde están? No los he visto". Se trataba de un niño que había perdido a sus padres en un accidente de tráfico. Grabé la frase a la primera con cuatro años, en el sofá del cuarto de estar, con un magnetofón de cinta abierta que tenía que enchufarse a la corriente eléctrica y que pesaba cuatro o cinco kilos. Me fascinaba acompañar los domingos a mi padre al Hotel Ruiseñores, tristemente desaparecido, donde entrevistaba a los jugadores del Real Zaragoza cuando jugaban en la Romareda. Era ya el ocaso de "Los Magníficos", a finales de los años sesenta, pero aprendí cómo se debía de crear un clima favorable para conseguir unas declaraciones próximas, sinceras, interesantes para la audiencia.
Por entonces ya acudía regularmente a la Romareda mientras mi padre compartía una minúscula cabina con Luis Nápoles, el jefe técnico de la radio, para contar lo que pasaba en el campo con Vicente Marco, Joaquín Prat y Juan de Toro en Carrusel Deportivo. No le gustaba que yo me sentase en el palco de prensa pero Manolo Muñoz, jefe de emisiones y gran compañero suyo de viajes, me llevaba de la mano y me iba explicando los entresijos del fútbol. El primer partido que recuerdo haber visto fue en 1967, con la imagen imborrable de un penalti transformado por Eleuterio Santos.
Antes, con seis años, don Mariano García, que era el profesor de mi clase en primero, me hacía salir al encerado para cantar los goles del Real Zaragoza que la noche de antes había relatado Paco Ortiz en la Copa de Ferias, casi siempre desde Inglaterra. Luego llegaron con doce y trece años los guiones hechos en casa, acercando el micrófono del magnetofón de casete a los altavoces mientras leíamos la novela mi madre, que siempre me ayudó con su comprensión, ánimo y cariño, y mis hermanos Pedro y Alfonso, a los que casi obligaba a interpretar pequeños papeles.
Por fin, el 28 de febrero de 1976, mi ilusión se hizo realidad y gracias a Manolo Serrano, amigo de mi padre y director del cuadro de actores de Radio Zaragoza, tuve la oportunidad de ser uno más y comenzar un aprendizaje que hoy en día continúa. Nervios, agitación, repetición de las frases que tenía que decir en voz baja... Todo terminó felizmente, temblando, con la garganta seca de los nervios pero con una satisfacción interior formidable.
Pocos días después llegarían las colaboraciones con Daniel Barajas en el fútbol regional, la cobertura informativa de los entrenamientos del Real Zaragoza y el resto de pequeñas cosas que iba haciendo mientras estudiaba COU y suspiraba por transmitir partidos de fútbol, presentar programas y viajar por todo el mundo. Junto a un puñado de comunicadores formidable como José María Ferrer, Lisardo de Felipe, José Juan Chicón, Luis del Val, Enrique Calvo, Concita Carrillo y tantos otros que me marcaron la senda y que recordaré en un próximo libro que ya estoy escribiendo. Porque es imposible contarlo todo en tan pocas líneas.
Más de 14.000 programas presentados, 2.000 transmisiones de fútbol y baloncesto en Radio Zaragoza, Radiocadena Española, Radio Intereconomía, Punto Radio y Aragón Radio. Donde se han mezclado dolorosos episodios como tres descensos del Real Zaragoza con seis finales de Copa transmitidas, una Recopa de Europa, una Supercopa de Europa, dos Supercopas de España, decenas de partidos de Copa de la UEFA y Recopa, centenares de encuentros de Primera y Segunda División. Con otra final de la Recopa de Europa en baloncesto y decenas de partidos de Recopa, Copa Korac y Eurocup, Liga ACB, Liga Leb Oro. La salida del Club Baloncesto Zaragoza de la élite después de radiar dos finales de Copa y un épico y triste partido en Ginebra. Los ascensos a la ACB, el descenso, partidos de Mundobasket y Preolímpico. Un Mundial, unos Juegos Olímpicos, dos finales de Eurocopa de Fútbol, tres Vueltas Ciclistas a España, desplazamientos inolvidables por todo el continente con anécdotas maravillosas.
He sido locutor, redactor, redactor jefe, director de antena, director de emisora y administrador de una empresa de comunicación. Todo desde abajo, desde la humildad, el respeto y el riesgo, jugándomelo al todo o nada. Y al mismo tiempo, creando revistas en papel, colaborando en prensa escrita, con tres agencias de publicidad en diferentes épocas, poniendo en marcha cuatro revistas digitales, un blog y publicando cinco libros. Colaborando en poner en marcha un curso universitario de Experto en Periodismo Deportivo, dando clases en la Universidad de locución y dicción, presidiendo durante once años en dos etapas la asociación de la prensa deportiva de Zaragoza. Y un camino en televisión que comenzó con el cable a finales de los ochenta y con televisiones locales y la Autonómica ya en este siglo.
La presencia de ese maravilloso Ondas al cuadro de actores de Radio Zaragoza cuando empecé, o el premio de guiones radio del Consejo Superior de Deportes, o los 19 galardones de federaciones, clubes, asociaciones deportivas, peñas futbolísticas. Las dos nominaciones de la Academia de la Radio como mejor narrador de eventos deportivos. Los cinco pregones en distritos y municipios zaragozanos y aragoneses. Y otras cosas que también me han hecho muy feliz, como encontrar gracias a la radio en Ejea de los Caballeros a Nuria, con quien llevo 28 años casado y con la que tengo un hijo, David, que es lo que más quiero en este mundo.
Muchos recuerdos, demasiados, que espero compartir poco a poco con todos los oyentes pasados y actuales. En la radio, que me dio y me quitó la vida, que me provocó mis mayores éxitos y fracasos, tristezas y alegrías, amigos y enemigos, amores y disgustos sentimentales.
En un momento donde puede más la nostalgia que la ilusión y la decepción que los proyectos. Pero si algo he aprendido en cuarenta años es que el mejor programa, la mejor transmisión, aún está por llegar. De esa manera, y acostumbrado a superar las dificultades que siempre emergen cuando más cosas intentas hacer, espero llegar a los cincuenta años en activo y con mejores sensaciones y proyectos todavía.
Muchas gracias a la buena gente que me ha enseñado, que ha compartido su vida conmigo, que ha perdonado mis errores y me ha animado a seguir adelante. Y gracias a quienes me escuchan por emocionarse conmigo y vivir sus vidas a mi lado. Como al formidable equipo que he tenido la fortuna de reunir para crear un modelo y un sistema de trabajo basado en el reto, el método, el talento y la confianza.
Cada vez resulta más difícil confiar en un cambio que produzca estabilidad. Conseguir victorias, afrecer algo más sobre el terreno de juego que una impresión indefinida y de fracaso, se hace imposible. Da la impresión de que, con muy poco, nos gana cualquiera y que somos incapaces de vencer a nadie. Conste que esta impresión también la he sentido con Manolo Jiménez, Paco Herrera, Víctor Muñoz y Ranko Popovic. El equipo se deshace, muestra todas sus carencias durante el partido y ya no le queda ni la vena época para intentar una victoria en el último segundo.
Que Lluis Carreras no ha dado con la tecla es algo evidente; que puede llegar a hacerlo está por ver, si los fichajes del mercado de invierno ofrecen algo más que hasta ahora con Dongou y Campins. No hay reacción, todo parece demasiado predecible y da la impresión que los problemas que sufre el equipo son mucho más profundos. Puede que no le falte razón a Mario Abrante cuando dijo el domingo que “La idea del ascenso, bajo mi punto de vista, la impusieron antes de empezar la temporada desde arriba. Y por mi experiencia,  pienso que los equipos se hacen con el tiempo. Vinieron 12 ó 13 jugadores nuevos y así es muy difícil hacer un equipo que se entienda a la perfección. Somos otro equipo y el año pasado casi subimos de milagro. Este año estamos sufriendo más pero vamos a intentar salir adelante y pelear todos juntos".
Ha sido imposible por el devenir de los acontecimientos mantener la estructura de la temporada pasada. Las ausencias de Borja Bastón, William José y Eldin, las lesiones de Jaime, Rubén y Mario, la escasa aportación de Pedro, Dorca, Hinestroza, Jorge Díaz o Diamanka, la escasez goleadora del equipo, junto a la pérdida de confianza en Popovic y las dudas que despierta Carreras, han precipitado al equipo a la zona de nadie. Y eso es negativo porque un sector de la afición mira más abajo que arriba, en busca de asegurar la permanencia. La lesión de Vallejo complica aún más las cosas y el propio Juliá ha dicho esta mañana que está preocupado y que, si es de larga duración, se intentará traer a un central. Supongo que además de el último centrocampista por el que se lucha antes del cierre del mercado de invierno.
En cualquier caso es difícil eliminar o incluso tamizar la sensación de pesimismo generalizada. Pero una cosa es la realidad y otra muy diferente, cómo se acepta. Con capacidad de intentar resolver los problemas o dejándonos llevar por la pesadumbre. Yo soy más de luchar hasta el final, de convertir una derrota en un triunfo por la actitud a la hora de combatir; pero reconozco que estoy más bajo que nunca, posiblemente porque otros aspectos de mi vida sean demasiado similares en cuanto a la tristeza y el agotamiento que me supone el Real Zaragoza. Por eso comprendo a quienes se rinden, aunque yo intentaré por todos los medios agotar todas las posibilidades aunque mi aportación en todos los casos sea prácticamente imperceptible.