El equipo está descoyuntado

No parece posible que en esta segunda división marcar dos goles fuera de casa no te aseguren la victoria. Y menos ante uno de los equipos que luchan por evitar agónicamente el descenso, y haciéndole los dos tantos en los primeros ocho minutos de partido. El equipo es débil físicamente y se resguarda en las proximidades del área porque no puede aguantar el ritmo de competición. Algunos jugadores apenas tienen fuerzas para llegar al descanso y el pánico les impide pensar. Por eso se producen errores de concentración, se echan atrás para defender lo mucho o poco que hayan conseguido y se termina con una agonía en el cuerpo que invita a la desmoralización. Consiste en resistir como se pueda, luchando en inferioridad de condiciones por una terrible falta de previsión en la pretemporada que provocó una lamentable puesta a punto de los jugadores. Algunos de los cuales se fichó conociendo que suponían un riesgo importante de lesiones y falta de ritmo de competición.

Las ausencias de Cabrera y Lanzarote se notaron demasiado el domingo en el estadio de los Juegos Mediterráneos, especialmente la del defensa uruguayo qué obligó a César a conformar una defensa de circunstancias y muy poco fiable, que se desangraba por los costados. Para colmo se vino abajo Javi Ros, Cani desapareció sobre el terreno de juego y la capacidad de creación y de contención de los blanquillos hizo aguas de manera alarmante. Álvaro Ratón está nervioso y seguimos teniendo un grave problema en la portería que nos mantiene entre los tres equipos más goleados de la categoría.
El momento es grave y difícil, a diez puntos de la permanencia y con puntos tan trabajador y sufridos como insuficientes para disminuir el nivel de preocupación por la permanencia. Un objetivo que podrá parecer menor pero que ahora es tan real como complicado. No se trata ya del trabajo a destajo del tercer entrenador esta temporada, buscando corregir los tremendos errores de sus predecesores y de la dirección deportiva. Tampoco del grado de interés y de implicación de la plantilla, que en general es positivo. El problema es que no pueden con su alma y que la última media hora de cada encuentro es una agonía. Que el equipo lo sabe y los adversarios también, aprovechando la caída en picado de unos jugadores.
En estas circunstancias lo único que hay que hacer es apretar los dientes, cerrar los puños, dejarse el alma y apelar al talento quienes lo posean. Dar un paso adelante aunque no se pueda más, encomendarse a la Divina Providencia o aprovechar la oleada zaragocista de La Romareda para cerrar los partidos en casa.
No va a ser fácil pero tampoco es imposible. Consiste en no cometer errores y aprovechar en los que incurran los demás. Y luchar por la supervivencia, que anestesia el dolor y provoca un subidón de adrenalina capaz de superar las condiciones más adversas.

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